Ni gritos en la noche ni vecinos que hablaron con ella en el portal de su casa. La Policía confirmó ayer que Marta del Castillo murió la misma tarde de su desaparición, en torno a las 20 horas, por lo que no pudo regresar a su vivienda. Su muerte se produjo en la casa de Miguel Carcaño, a donde ella acudió de forma voluntaria con el propio joven, y tanto su hermano como los otros dos jóvenes detenidos, Samuel y un menor identificado como El Cuco, se deshicieron del cuerpo tirándolo al río y se reincorporaron luego a su grupo de amigos para crearse así una coartada. Los investigadores concluyen que hay «pruebas irrefutables» para imputar a los cuatro arrestados.
El jefe superior de Policía de Andalucía Occidental, Enrique Álvarez Riestra, reconstruyó las últimas horas de Marta «en base a pruebas fehacientes» que determinan la implicación de cada uno de los detenidos en el asesinato. La joven había quedado con Miguel la tarde del 24 de enero para aclarar unos rumores. El joven, que se había arreglado especialmente para la cita «poniéndose incluso las lentillas azules», acudió minutos antes a la vivienda de la chica, estuvo hablando con unos amigos, y después se fue en su moto con la adolescente a recorrer diversos puntos de la ciudad.
Poco antes de las 20 horas, momento en que Marta ya no responde al móvil, ambos acudieron a la casa de Miguel con la excusa de que ella recogiera unos cedés. Una vez allí, y ya en el dormitorio, se inicia una discusión que acaba cuando Miguel coge un cenicero y agrede a la adolescente, «que cae desplomada». El hermano de Miguel, Francisco Javier , se encontraba en ese momento en la casa, según las pruebas recabadas por la Policía.
Traslado en coche al río
Desconcertado, Miguel sale a la calle y desde una cabina llama a su amigo Samuel, que acude con un menor identificado como El Cuco en un coche de la madre de éste y encuentran el cuerpo de la chica en el salón. Envuelven el cuerpo en una manta y lo trasladan al vehículo para llevarla al río. Miguel sigue a sus amigos en una motocicleta, mientras que su hermano Javier se queda en la casa limpiando la sangre de Marta en la colcha y las sábanas. Los acusados también tiran el cenicero con que supuestamente Miguel golpeó a la joven, y que sacó de la casa oculto en su chaqueta, de ahí que la tela mantuviese restos de sangre.
La Policía tiene la certeza «en un 99 por ciento» de que la joven fue arrojada al río en el puente de Camas, dado que tres de los detenidos, por separado, han marcado con exactitud ese punto, aunque queda una «ínfima posibilidad» de que se hubieran puesto de acuerdo para despistar a los agentes. Álvarez Riestra subrayó que «policialmente aún no está cerrado el caso» ya que aún faltan por procesar los análisis y pruebas obtenidas, y el centenar de declaraciones tomadas. Los agentes no descartan incluso tomar nuevas declaraciones.
El delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, destacó que la investigación se ha realizado «como necesariamente se tenía que hacer, de forma discreta, seria, eficaz y garantista», para poder tener todas las evidencias «y no dar un paso en falso».
Aseveró que desde el primer momento la Policía «se ha volcado en el caso», con un dispositivo «que tiene pocos precedentes en la búsqueda de una persona». Tanto el jefe de Policía como el delegado del Gobierno aseguraron que «no van a escatimar esfuerzos» para que aparezca el cuerpo de la joven y así poner fin «a esta tremenda situación». El octavo día de búsqueda del cuerpo se centró en un punto del Guadalquivir cercano a Coria del Río marcado por los perros en la tarde del jueves, aunque las inmersiones resultaron infructuosas.