No estaría nada mal aprovechar los efectos de la crisis económica para potenciar otras crisis mal llevadas que tenemos desde hace algunos años y que vamos capoteando entre planes de actuaciones que siempre se quedan cortos. Me refiero, sin duda, a la mejora de los centros educativos públicos, a su puesta a punto, su incremento y remodelación de los viejos, así como la disponibilidad de los mismos para que la comunidad de ciudadanos puedan beneficiarse de ellos fuera de ese horario escolar tan limitado. En este sentido hay que felicitar a la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de alumnos Juan González que hace unos días celebró sus XII Jornadas Regionales en Molina de Segura, bajo el lema de La apertura de los centros educativos a la comunidad como exigencia del siglo XXI. Congregaron a más de cien representantes de las asociaciones de padres-madres de escuelas e institutos públicos de la Región, también algunos directores de centros y representantes sindicales, para profundizar en esta propuesta, cada vez más necesaria.
La idea, como se expresó en el debate y ponencias expuestas, iba más allá de dar pistas o reflexiones sobre el tema, porque es necesario tomar conciencia de que la educación no se puede limitar a un horario y que las aulas sólo funcionen en esas horas. Las puertas de las escuelas e institutos deberían estar abiertas a toda la comunidad de ciudadanos, para sacarle el máximo aprovechamiento cultural, artístico, deportivo y promocional. Me da igual como se le llame, pero que se haga posible.
La educación no es cosa de los maestros, ni de los alumnos; somos los ciudadanos todos y aquí también tienen que mojarse los políticos (las consejerías, alcaldes, concejales,…) para que sea una realidad la posibilidad de dar facilidades a que aprovechemos lo que tenemos, lo que es de todos y podamos poner la educación en el lugar que le corresponde. No entiendo cómo un país, y una Región, subrayo, que se encuentra en el tercer puesto por la cola en cuanto a los índices de fracaso escolar, puede seguir rulando como si tal cosa sin ponerse a trabajar a toda prisa para romper esa inercia. Digo inercia porque el asunto trae cola; llevamos años con esta tendencia y no puede ser que nos dediquemos a relegar el asunto y dejarlo para mañana.
Hay que tomar medidas para mejorar ese fracaso, avanzar en aspectos concretos, proponer actuaciones reales y consensuadas pero que nos sirvan para combatir esta lacra que llevamos arrastrando.
Desde esta perspectiva de mejora, es evidente el desbordamiento que sufre la institución docente para atender todas las necesidades educativas y formativas actuales. Por ello hay que plantearse cómo abrir los muros de las escuelas, sus ventanas a la calle, a la vida, a los ciudadanos que tienen también que valorar la formación, y además, colaborar en ella, con la finalidad de que la educación no esté depositada en esas limitadas horas, muy concretas, bajo la responsabilidad exclusiva de los docentes. Se hace necesario que los centros educativos atiendan una educación más amplia, más cultural, menos académica, más adaptada a los problemas que hoy tenemos y adaptarnos a ellos. Son nuevos tiempos, nuevos escenarios, nuevos problemas…
Sin duda, esto pasa necesariamente, por aprovechar las infraestructuras, los espacios, generar dinámicas que favorezcan romper tiempos y abrir centros también por la tarde, fuera del horario escolar. Incrementar el uso y la creación de salas de estudio, bibliotecas, salones de actos, de proyecciones audiovisuales, pistas deportivas y poner los medios y los recursos personales para que puedan estar abiertos y se aprovechen para los ciudadanos del barrio, del pueblo, de la ciudad. Los centros educativos son de toda la comunidad, no sólo de escolares, de maestros, de directores. Son de los que pagamos religiosamente los impuestos.
La idea es empezar cuanto antes a paliar esos fallos que estamos cuestionando. Sabemos que hay que potenciar la participación, el encuentro, la cultura, la lectura, el ocio, el tiempo. Hay que generar escuelas de padres y de madres, conciliar tiempos y realidades y generar disponibilidades para que podamos concretar estas actuaciones.
Esperemos que ante los pactos de Educación que se avecinan, documentos guía que comprometen a los sectores implicados en estas actuaciones, se pueda avanzar en disponer de mejores medios, recursos y estrategias que faciliten una concreción en esta línea que apuntamos. Porque, no nos engañemos, esta Región necesita subir el listón, mejorar, progresar en Educación; también en carreteras, AVE y aviones, pero no podemos dejar de un lado la formación y la apuesta por modelos que la faciliten porque serán la garantía de subir, avanzar, mejorar poco a poco dentro de nuestras limitaciones. Nadie lo duda, pero hagamos algo ya de una vez y que los pactos sirvan para cambiar las rutinas que nos empobrecen y no nos dejan crecer.