A golpe de órdenes ejecutivas, Barack Obama continúa desmotando algunas de las medidas más controvertidas de George Bush durante sus ocho años de mandato. Tras decretar el cierre del centro de detención de Guantánamo, ayer levantó el veto a la financiación gubernamental a los grupos que se dedican al asesoramiento y a la prestación de servicios en materia de aborto. No por esperada, la decisión fue acogida con júbilo por las organizaciones que habían presionado durante la campaña para que se eliminara la prohibición. En el otro lado del espectro, grupos antiabortistas que preveían la iniciativa presidencial se manifestaron en Washington el pasado jueves con motivo el 36 aniversario de la aprobación de la ley federal que legalizó el aborto en todo el país.
La medida ahora reactivada impedía destinar cualquier tipo de fondo público a grupos de planificación familiar en el extranjero que ofrecen abortos o proporcionan información y asesoramiento sobre cómo practicar la interrupción del embarazo. Es conocida también como «la regla de la mordaza global» porque prohíbe que el dinero de los contribuyentes sea destinado a organizaciones que hablen del aborto, incluso cuando se trata de informar a las mujeres sobre embarazos no deseados.
Desde que Ronald Reagan estableció la prohibición en 1984, la norma ha sido revocada o reinstaurada por Demócratas y Republicanos. Bill Clinton eliminó la medida en 1993 tras once años de gobiernos conservadores y George Bush la restableció días después de ser investido presidente en 2001 con la misma celeridad con la que se acaba de mover Obama.
Tanto el actual presidente como la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que supervisará la ayuda exterior, habían prometido durante la campaña eliminar la regla de la mordaza. Ayer mismo, la nueva responsable de la diplomacia norteamericana visitó la Agencia Internacional para el Desarrollo de EE UU, que distribuye la mayoría de los fondos de ayuda en el extranjero.
Obama ha dedicado sus primeros días en el gobierno a firmar un buen paquete de órdenes ejecutivas para revocar normas de la administración Bush, desde asuntos de política exterior a temas operativas del gobierno. Con todo, se ha abstenido de entrar en batallas ideológicas, quizás para evitar de ser etiquetado demasiado pronto como excesivamente partidista en un momento en el que sobre todo la crisis económica le va a obligar a buscar un alto grado de consenso con los Republicanos en las cámaras legislativas.
En otro movimiento que ha sido visto como el preludio del apoyo del nuevo gobierno a los temas científicos, la Dirección de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha autorizado a la empresa californiana Geron Corporation el uso de células madre en una investigación para el tratamiento de pacientes con lesiones en la médula espinal. Aunque responsables de la FDA indicaron que la decisión se ha tomado al margen de cualquier consideración política, lo cierto es que surge apenas tres días después de la promesa expresada por Obama en su discurso inaugural de eliminar algunas de las restricciones financieras impuestas por George Bush en este campo.
El presidente de Geron Corporation, Thomas Okarma, evitó criticar al anterior gobierno, que había guardado en un cajón el proyecto de investigar con células madre tras su presentación el pasado mes de marzo. En una entrevista concedida a la cadena CNN, el directivo prefirió centrarse en la importancia de estas investigaciones para proporcionar nuevos tratamientos a personas afectadas por lesiones en la columna. «Cuando alguien sufre una lesión completa de la médula espinal no hay esperanzas de recuperación por debajo del punto donde se produjo la lesión», indico Okarma. «Esto es significativo porque será la primera prueba clínica de un producto obtenido de células madre de embriones para tratar de cambiar la situación».
El principal objetivo de la prueba será determinar si la inyección de estas células en los no causa daños en los pacientes, pero Okarma agregó que los investigadores también los observarán durante un año para ver si hay alguna mejoría y recuperan alguna función por debajo del punto de la lesión.En el ensayo participarán entre ocho y diez pacientes que están completamente paralizados por debajo de las vértebras tercera a décima, y que sufrieron la lesión espinal de siete a 14 días antes del tratamiento.