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MANOLO VALDÉS ESCULTOR

La exposición 'Arte en la calle' llenará desde el martes el Paseo Alfonso X y Santo Domingo de esculturas del artista

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«No se trata de vender arte, sino de que el ciudadano vea de cerca mis obras o las de cualquier otro artista». Lo afirma Manolo Valdés -el gran artista internacionalmente reconocido y alabado-, a propósito de la exposición de monumentales esculturas, que se inaugura el martes 27 de enero, en el Paseo Alfonso X el Sabio y en la Plaza de Santo Domingo. Bajo el título amplio de Arte en la calle, ha recorrido, con diversos cambios, numerosas ciudades de España y del extranjero -San Petersburgo, Pekín, Almería, Mónaco, Bilbao...- hasta que, por fin, llega a Murcia. Algunas de estas ciudades no han desaprovechado la ocasión de quedarse, para auténtica satisfacción de sus habitantes, con algunas de estas esculturas. Exposición organizada por la Caixa, la entidad financiera pretende «acercar a los ciudadanos al arte a través de la escultura monumental».
-¿Cómo surgió el proyecto?
-La verdad es que no existía proyecto alguno de hacer una exposición como esta en tantas ciudades. Empezó en París, en el Palais Royal, y luego se ha ido extendiendo y variando. Frente a las cosas que ocurren en el mundo del arte, como la situación de un gran número de ciudadanos que nunca entran a una galería, de pronto se encuentran esta obras mías en la calle y se ponen contentos… La verdad es que no fue una idea planificada. Luego, la Caixa me pidió montarla en una o dos ciudades; pero se la fueron pidiendo, y se estudió la posibilidad de atender esas solicitudes. Ha habido como un contagio. Algo que estaba previsto para tres o cuatro meses, lleva, me parece, un par de años de un lado para otro.
-¿Para su modo de trabajar ha sido algo distinto?
-Pues sí. Al menos, muy distinto a exponer en una galería. Te da un poquito de reparo exponer la obra en la calle, en el sentido de que, cuando haces una exposición en una sala, el que quiere entra y el que no, pues no. Pero, claro, expones en la calle, donde todo el que pasa tiene que ver unas obras, y sabes que si a unos les van a gustar, a otros les pueden fastidiar. Tienes la duda sobre qué puede pasar. Luego te das cuenta de que una mayoría de gente se alegra
-¿Cómo puede advertir esa alegría? ¿Qué es lo que ha presenciado?
-Que la gente se para, se hace fotos, surgen comentarios y, también la polémica… Es muy gratificante. Es muy distinto a las paredes de las galerías que, al fin y al cabo, son eso: paredes iluminadas.
-¿Le ha seguido la pista constantemente?
-No, no. Yo no puedo seguir, día a día, la exposición, porque es imposible, pero alguna ve me he encontrado con mis propias obras y para mí es muy bonito verlas en escenarios completamente diferentes. Las he visto en San Francisco, frente al edificio del Ayuntamiento, que es una cúpula; otras veces, en Arizona, en un desierto con las montañas al fondo, que parece un wenster, con un sol intenso y calor sofocante de cuarenta grados; o unos meses después en Nueva York, con nieve, y rodeadas de coches amarillos… ¡Yo qué sé! En San Petersburgo, en Pekín… También ha estado en Dusseldorf, en Finlandia…
Caballos
-¿Y cómo le parece que estarán en Murcia?
-La verdad es que no las he visto puestas, pero conozco Murcia y puedo presentir cual es su entorno, con una gente diferente, con unos fondos y un ambiente distintos. No podré estar presente, aunque me gustaría, porque con Murcia yo tengo muchas relaciones. Casi me considero de ahí. He hecho varias exposiciones y tengo buenos amigos. Es una ciudad que me encanta, y también como ciudad para que vayan mis obras. Ahora estoy preparando unos caballos, para una exposición en toda la calle Broadway, de Nueva York, en la que habrá algunas de las esculturas que ahora se exponen en Murcia. Esta mañana, cuando he sabido que se inauguraba la exposición ahí, me he dicho que me he hubiese gustado enseñar a los murcianos algunos de esos caballos para Nueva York. Creo que lo haré, sin duda, dentro de poco tiempo. Murcia es un lugar de amigos, a donde puedo ir cuando quiera.
-Que tantas ciudades acojan esta exposición, al margen de esa alegría personal, será sobre todo de un gran orgullo como artista.
-Sí, pero llega un momento en que te vas alejando, ves tus obras con distancia y te preocupas menos de esas cuestiones. Surge la impresión de que no son mías, sino unas cosas que están ahí. Aún así, me siguen gustando, claro.
-¿Es un buen sistema de vender arte?
-No se trata de eso, sino de que el público contemple mi obra o la de cualquiera. Esto es una tradición que existe en algunos barrios de Nueva York. Yo les digo a los organizadores de mi exposición que esta tradición debería adoptarse y hacerse firmes en otras ciudades, mostrando obras de otros artistas. La gente es muy variada y le gustaría ver de unos y de otros, se identifique o no con lo que contemple. Seguro que siempre lo agradece.
-¿Aunque haya que ver cualquier cosa?
-No digo eso, pero sí que el arte salga a la calle, creo que sí. Estos días, en Madrid, han puesto en la calle las esculturas de unas vacas decoradas, aunque no todo el mundo respeta esas obras como debiera. Cuando veo una exposición en las calles de Nueva York, que dura varios meses, la verdad es que yo estoy esperando que la cambien, para conocer qué otra que se va a presentar.
-En esta exposición suya, ¿hay variedad o monotonía?
-En algunas ciudades se ha expuesto una sola escultura, repetida, pero la exposición de Murcia es variada y de temas muy distintos. Cuando empezamos con esto en el Palais Royal, yo vi las obras en un paseo, instaladas en una sola fila. Eso están bien cuando existe un lugar adecuado para que esculturas idénticas estén juntas y se conviertan en un bloque; si no, hay que colocarlas en sitios distintos, y es muy aburrido encontrar una menina aquí; otra, más lejos; otra, en aquella calle... Entonces, lo que debiera ser una obra unitaria se convierte en una obra iterativa. Esta es la razón por la que he introducido esculturas distintas, en función de cada ciudad.
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