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Cultura

CRÍTICA DE ARTE

23.01.09 -

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L a duda siempre plantea una interrogante, que se supone lanzada al viento para ser resuelta, aunque desde los orígenes de la ya gastada especie sapiens sapiens la respuesta ha generado otras preguntas, y ha dejado al descubierto la necesidad de enredar la madeja para, en ejercicios veladamente esquizofrénicos, tratar de devanarla y convertirla en ovillo lógico y reflexivo.
En el tema de género, tal como si nos enfrentáramos a un análisis morfológico, la cuestión deriva hacia la propia identidad, hacia las consecuencias devenidas por el férreo control de una sociedad patriarcal -antes matriarcal, no se olvide y así es más fácil oponerse a cualquier tipo de imposición, porque muchos de los defectos provienen de ese principio en los albores del sedentarismo, o quizá antes- impositiva y frustrante, ocultadora de sus propias contradicciones en aras del mantenimiento de un orden cada vez más alejado de la naturaleza -o ¿cada vez más próximo por un mimetismo interesado?- y, por tanto, susceptible de ser vulnerado incluso en los momentos de mayor riesgo.
Flecos
En el Párraga, la propuesta queda clara en el soporte teórico, no tanto en algunas de las obras expuestas, y en unos planteamientos en los que desde la ironía a la confusión se llega a conclusiones -o se intentan, porque la cuestión sigue sin resolverse al aparecer continuamente nuevos flecos en el raído manto de la experiencia- en las que el factor cultural, la tendencia imperante, se suma a las viejas manifestaciones, olvidando que el sometimiento, la tiranía y otras lindezas tienen fecha de inicio, que la cultura es un invento humano y su continuidad ha respondido a unos intereses cambiantes en el tiempo -igual sucede en esta época en la que, por encima de todo lo demás, se levanta el becerro de oro virtual, ejemplo de la necesidad humana de proyectarse fuera y evitar el encuentro consigo-.
Quizá una de las pocas obras que respondan al deseo de superar límites y diferencias, sea El andrógino que llevo dentro, de Mabel Martínez y Paco Vivo.
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