Muchos ciudadanos recordarán a Manuel Toharia como aquel hombre que nos informaba en televisión sobre los arrebatos y las calmas que el tiempo nos deparaba cada día. Pero quizá no tantos lo identifiquen como un comunicador científico, directamente relacionado con cuestiones sobre el universo y su trayectoria de miles de millones de años. Es presidente de la Asociación Española de Comunicación Científica y representante español en la UE de Asociaciones de Periodismo Científico. Ha escrito 34 libros sobre astrología, creencias, clima, medio ambiente, futuro..., y cuenta con numerosos premios. Mañana, a las 20 horas, dentro del Aula de Cultura de La Verdad, hablará sobre ¿Para cuándo la fin del mundo?. El acto tendrá lugar en el Edificio Moneo. José María Esteban, director del periódico, presentará al conferenciante.
-¿No cree que es una tontería eso de plantearnos el fin del mundo?
-La verdad es que es una constante para los seres humanos, porque para todos nosotros el mundo se acaba cuando nos morimos; pero siempre ha habido una especie de sentimiento de que tendría que haber algún fin del mundo para que todos se mueran a la vez que uno. Esto ha dado lugar a múltiples ideas religiosas, pero luego los científicos han tomado el relevo y han descubierto que, científicamente, puede haber un fin del mundo que conocemo. Yo hablaré de un fin del mundo un poco teórico, de ese deseo de morirnos todos a la vez; y luego, sobre el conocimiento actual de cómo podría ser un eventual fin por razones de tipo natural o artificial, porque el ser humano tiene la capacidad de llevarnos a ese fin.
-¿A base de montones de bombas de esas que destruyen todo...?
-Ni siquiera eso. La explosión sólo del 10% del armamento nuclear que existe hoy en el mundo sería suficiente para que toda la humanidad desapareciera y, prácticamente, el 90% de plantas y animales. Eso significa que nos sobra el 90% de armamento nuclear.
-Pero como los seres humanos ignoran eso, y no les preocupa.
-Es que las personas se preocupan por cosas muy raras; por ejemplo, de que el clima pueda cambiar dentro de 50 o 100 años, que es el susto colectivo que nos ha metido en el cuerpo el señor Al Gore y todos esos profetas del cambio climático; pero no se preocupan de que hay mil millones de personas muertas de hambre, por las que no hacemos nada los países ricos.
-¿Echará por tierra todas las teorías religiosas sobre el fin del mundo?
-Creo que eso hoy preocupa poco. El Apocalipsis es un libro trascendental de la Biblia por las cosas que dice, pero que son muy difíciles de interpretar. El Apocalipsis es una cuestión que siempre ha estado presente en casi todas las religiones, porque explica que hay un Dios que creó el mundo actual, y, como un día ese Dios se hartará y cerrará el chiringuito.... De todas formas, creo que esta preocupación ha pasado a un segundo plano, al menos en países occidentales.
-¿Y qué pinta la Tierra en ese mundo del que hablan los científicos? Parece sólo una anécdota.
-Lo es, aunque al ser humano nos parece trascendental, porque es donde vivimos y lo que conocemos. Desde el punto de vista cósmico, la Tierra es un planetilla pequeño, alrededor de una estrella de tamaño medio, vulgar, como lo es el Sol, frente a los cien mil millones de estrellas, que hay en la galaxia y frente a unos cientos de miles de millones de galaxias como la nuestra que hay en el Universo. ¿Al lado de eso que es al Tierra? Un grano de polvo.
-¿Qué estuvo haciendo Dios hasta que decidió crear la Tierra?
-Yo he hecho esa misma pregunta muchas veces y nadie me la ha contestado con una respuesta que a mí me convenza. Lo importante es hasta qué punto la Iglesia Católica, que es la de nuestra cultura, ha llegado a aceptar la idea de que los seis días de la creación que cuenta la Biblia no es más que un lenguaje simbólico. Esto es debido a un señor inteligentísimo, Teilhlard de Chardín, quien concibió esa idea del lenguaje simbólico, no real; pero muchas religiones, de origen más o menos cristiano, confesiones modernas, las religiones árabes creen que lo que dice la Biblia hay que tomarlo al pie de la letra, y que Universo apenas tiene siete u ocho mil años. No es así, aunque lo diga la Biblia.
-A propósito de la presencia del hombre en la Tierra, ¿hay otros mundos habitados?
-No es pequeña la posibilidad de que sea así, que exista algún tipo de vida, aunque sea microscópica, pero sí es pequeña la posibilidad de que esté cerca y nos enteremos. Puede haber mundos habitados, pero tan lejos que jamás nos enteremos porque la distancia es terrible.
-¿Como cuánta?
-Mire: imaginemos que están a mil años luz. Un mensaje que llegara allí tardaría mil años. Y esto es una distancia pequeñita a escala cósmica. Así que uno le envía un mensaje a su novia, que vive a mil años luz, diciéndole: «Hola, Pepi, te quiero mucho». Ella lo recibe y contesta; pero cuando llega esa respuesta, mil años después, han pasado dos mil años entre mensaje y mensaje. O sea, que estamos muertos nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos y tataranietos. Es imposible mantener una conversación a esa distancia. Si esa vida estuviera cerca, ya hubiéramos tenido algún tipo de respuesta.
-¿Tampoco hay vida en Marte, que está más cerca?
-Seguro que no. Si allí hubiera, ya nos hubiéramos enterado.
-¿Qué eso de los agujeros negros?
-Los agujeros negros ya sabemos lo que son. La mejor teoría es que dentro de cada galaxia hay una especie de agujero. Igual que en un lavabo lleno, todo acaba fluyendo hacia el agujero. La energía de la galaxia acaba embutida por el agujero negro central. Luego se descubrieron agujeros que no estaban en el centro. Fue algo que replanteó todo el tema.
-¿Y el asunto de planetas extrasolares? ¿Puede haber vida en ellos?
-Es una estrella que está lejos del Sol, pero que tiene también planetas. ¿Por qué el Sol va a tener planetas y otras estrellas, no? Lo que pasa es que esos planetas son pequeñitos, no lucen con luz propia y no se ven. Ya conocemos casi 300 planetas extrasolares, del tamaño de la Tierra, y en algunos podría haber agua. Ahí podría haber vida como la nuestra, aunque no tengamos ni idea.