Cuando un grupo de amigos termina alguna reunión con altas dosis de alegría en el cuerpo, suele decirse que si no fuera por esos raticos… «y por otros» suele contestar, casi siempre, alguien.
Bien, pues parece que esos otros «ratos» se han banalizado hasta tal punto que en el panorama mundial de la sexualidad nos ha hecho sacar muy malas notas.
Hace un par de días, este periódico nos daba la noticia de que España suspendía en educación sexual, puesto que el Ministerio de Sanidad revelaba que 112.138 mujeres abortaron en 2007, más del doble que hace 10 años. Inexplicable ¿verdad? Pues agárrense que no he acabado: «Murcia es, por tercer año consecutivo, la tercera comunidad española con mayor tasa de abortos» ¿cómo se les queda el cuerpo?
A ver, podría entenderse que hace años, pero bastantes, la falta de información, de medios, de control… de cultura… yo que sé…, de cientos de factores, pudiesen llevar a una mujer a un punto tan traumático como es un aborto, pero ¿ahora? Ahora el problema es que se utiliza el aborto como un medio de anticoncepción.
El sociólogo Javier Elzo denuncia, no ya la falta de compromiso entre los más jóvenes a la hora de mantener relaciones sexuales, sino la trivialidad y la falta de respeto hacia ellos mismos. Habla de que seis de cada diez adolescentes son partidarios de «hacer el amor», cada vez que apetezca, vamos, como hacer pipí. Ellos lo llaman «hacer el amor» aunque el amor no aparezca ni por el más pequeño de los resquicios.
Recoge el señor Elzo el testimonio de una chica granadina de 16 años, con complejo de mesalina y un furor uterino de alucinar sin tripi, que asegura que entre ella y sus amigas se han follado (textualmente) a media ciudad. No es que Granada sea Nueva York, pero, dadas las circunstancias, imagino que los últimos contactos habrán tenido que ponerse cadenas para no colarse directamente.
A estas alturas ya sabemos que el sexo, junto con el poder y el dinero mueven el mundo pero, permítanme que siga creyendo que el amor tiene más fuerza que el trípode que acabo de citar.
El sexo es genial, el sexo por el sexo esta bien o muy bien, pero el sexo con amor es la sal de la vida y no estamos hablando de profesionales del sexo, no hablamos de mujeres que se vean forzadas a ejercer, contra su voluntad, la prostitución, ni del derecho legítimo de tener una sexualidad libre de prejuicios, estamos hablando de competiciones sexuales, puras y duras, entre chicas, crías, de dieciséis años ¡por Dios!
Imagino que estas chicas habrán echado por tierra, y para siempre, el tan traído y llevado mito de que las mujeres huyen del sexo, claro, que también se han cargado las estadísticas: repartiendo el promedio de quiquis seguro que le ha tocado a más de uno a alguna pobre mujer que igual no los ha olido en su vida (que también las hay, aunque no lo crean) lo cual me parece más que injusto.
Dice la «criaturita» que competían «para ver quien era la más guarra». Dudoso honor el de quedar campeona de escupidera.
Que esta cría sea la reina del «club de ninfómanas declarado» o que hayamos suspendido en educación sexual no es más que una mínima muestra de haber perdido una parte importante de la sal de la Vida. Pero no nos engañemos… no es nuestra sociedad únicamente.