Alumnos encerrados, clases boicoteadas, profesores desorientados, manifestaciones con lemas que hablan de privatización y mercantilización de la universidad, de degradación de los títulos, o de fábricas de subempleos... Esto, unido al descontento de los ingenieros y de los psicólogos y pedagogos, entre otros, hacen del Plan de Bolonia una ceremonia de la confusión, El camino hacia el Espacio Europeo de Educación Superior toma su nombre de la declaración suscrita en junio de 1999 en Bolonia por decenas de universidades y asumida y enriquecida por otras posteriores (Praga, Berlín, Bergen y Londres), todas ellas ratificadas por más de 40 países.
DUDAS EN SECUNDARIA
Nueve años después de suscribir Bolonia y cuando apenas falta un año para que el espacio educativo común se haga realidad, la preocupación comienza a adueñarse de los campus y se extienden a los centros de Educación Secundaria. La situación es especialmente delicada en las universidades más grandes -Complutense, Barcelona, donde ayer se inició un encierro en Psicología, Autónoma de Barcelona, Valencia y, en menor medida, Sevilla- con protestas que en algún caso han derivado en la apertura de expedientes. Ante este conflicto, el Comité Permanente de la Conferencia de Rectores de las Universidades españolas (CRUE), que preside el rector de la Autónoma de Madrid, Ángel Gabilondo, ha expresado «su solidaridad» con las universidades que están sufriendo alteraciones de la vida académica en sus campus y «su adhesión» al comunicado de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP). Asimismo, defiende «la necesidad de una toma de posición conjunta del sistema universitario, a fin de abordar la situación generada en diversos campus respecto al desarrollo del EEES».
Asimismo, advertía hace una semana de que «no se paralizará el proceso de desarrollo del EEES ni se realizará ningún referéndum vinculante al respecto». No obstante y ante la controversia suscitada, los rectores pedirán el próximo jueves a la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, en el Consejo de Universidades, una «respuesta unánime» a las protestas.
PROCESO MAL LLEVADO
El rector de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa, considera que este movimiento «va más allá de los encierros y las manifestaciones» y que se «está extendiendo de forma negativa a toda la sociedad y a los centros de Secundaria». Berzosa muestra su preocupación ante la postura del Ministerio que dirige Cristina Garmendia y advierte de que, pese a que en el movimiento contra Bolonia participan de forma significativa e intensa grupos con intereses más allá de la Universidad (antisistema, independentistas o sindicalistas de extrema izquierda) no es una situación localizada y sin importancia. «Piensan que sólo es un fenómeno aislado, promovido por estudiantes de extrema izquierda, y que es algo que padece una minoría de centros y no es así, ya que, objetivamente el proceso no se está llevando bien» Y prosigue: «Estoy de acuerdo con el EEES y con la idea de converger en Europa, pero no en cómo se ha llevado en España». Para no pocos responsables de los campus, el proceso de Bolonia ha sido un «despropósito» y ha estado huérfano de liderazgo. «Se ha empezado la casa por el tejado, con la aprobación de los masters antes que los grados y se ha ido más allá de la mera adaptación de los actuales estudios a las exigencias del EEES, centrando el debate en la duración de los estudios, mientras otros países se limitaban a adaptar las carreras para facilitar la armonización, no la homogeneización».
MÍNIMOS DE TRES AÑOS
Hay que recordar que Bolonia no impone la duración de los estudios sino que fija un mínimo de tres años para que sean compatibles en el espacio común. De hecho, inicialmente se barajó una duración de entre 180 y 240 créditos (tres-cuatro años). Algunos países como Italia y Alemania se han inclinado por grados de tres años. Además, denuncian que «el desorden ha sido mayor porque el propio Gobierno ha cambiado dos veces los decretos que regulan el proceso y ha apostado por carreras de cuatro años».Por este motivo, Berzosa, lo mismo que el conjunto de los rectores, pide al Ministerio «más información» a la sociedad y a la comunidad universitaria acerca de qué es Bolonia y que «se aligeren» los complicados sistemas burocráticos. Además, Bolonia crea inseguridad y crispación en los campus y una gran desmotivación en el profesorado, sobre todo, en el más veterano, que teme enfrentarse a una nueva metodología docente, con mayor atención personal al alumno y más trabajo fuera del aula. Algunos sostienen que ha llegado el fin de la lección magistral, hecho que no parece cierto. Eso sí, no será una universidad esencialmente teórica sino que deberá combinar al teoría con la práctica y las clases presenciales con los trabajos fuera del aula.
Para la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, «Bolonia es comparabilidad de los títulos, mayor movilidad de estudiantes y profesores y oportunidad de tener la mejor formación». Que así sea.