
Ninguna de las personas que se acercaron hasta la puerta del número 23 de la calle de Abarán dudó, sin embargo, en que la ruptura sentimental había sido el desencadenante de tanto horror. «Él se pasaba el día contando que ella era una tal y una cual, la insultaba, porque lo había dejado», relataba una conocida de las víctimas; «siempre nos decía que estaba sufriendo mucho por eso». Mari Carmen Losa, una vecina de la zona, no titubeó tampoco a la hora de afirmar que el desamor podía ser el móvil del asesinato. «No sé que ha podido pasar, pero los vecinos comentan que él era muy celoso».
Una de las primeras personas en ser alertadas por la Guardia Civil del suceso fue, precisamente, una sobrina de Antonio, el anciano dueño de la vivienda donde se produjo el crimen. Esta mujer lamentaba ayer la muerte de las dos mujeres, «dos buenas mujeres que eran toda la vida de mi tío», y agradecía que su familiar hubiera tenido la fortuna de salir airoso de este crimen.
Esta mujer fue la encargada de dar a conocer la triste noticia a una de las pocas familiares de Antonia, una de las fallecidas. Alrededor de las 22 horas, llegaba al lugar del crimen una sobrina de la mujer que, conmocionada y envuelta en llanto, accedía a la vivienda.
Una cuarta víctima
A falta de que las autoridades determinen si estamos ante un nuevo caso de violencia de género, todo parece apuntar a que, al menos Marta Lidia Fuentes, podría ser considerada la cuarta mujer que, en el transcurso de este año, ha perdido la vida a manos de su pareja o ex pareja.
La joven brasileña Vanesa, que murió, a inicios del mes de octubre, a manos de su ex novio, Rodrigo Ciruelos, un joven militar de Alcantarilla, era, hasta ayer, la última víctima de este tipo de violencia que la Región de Murcia tenía que lamentar. Como en este caso, Vanesa había decidido abandonar a su compañero sentimental poco antes de que éste acabase con su vida.
Hay que remontarse a mediados de julio para encontrar a otra de las mujeres que, durante este año, ha engrosado esta lista negra. Josefa Serrano Azorín, de 39 años, murió este verano en Yecla junto a sus dos hijos: Alba, de 6 años, y Samuel de 4. El asesino, su marido, se suicidó poco después después de dejar una nota en la que explicaba que sus muchas deudas económicas le habían llevado a tomar esa horrible decisión.








