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ALBACETE - ALICANTE - MURCIA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

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«Tengo la espina clavada de haber tenido que desistir de subir el Manaslu hace unos días»

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Juanito Oiarzabal: «No sé vivir sin la montaña»
EN MURCIA. Juanito Oiarzabal, ayer en el patio de la Facultad de Letras de La Merced. / VICENTE VICENS / AGM
Es menudo, pero fibroso; no muy alto para lo que se entiende como alpinista, pero sin embargo se mueve como pez en el agua por las montañas más altas del mundo. Ha cumplido ya los 52 años, le han amputado diez de los doce dedos de los pies, ha sufrido un edema cerebral bajando del K-2 a causa del cual casi ni lo cuenta. Y sin embargo, ahí sigue subiendo y bajando ochomiles -es el sexto alpinista vivo del mundo que ha subido los 14 ochomiles del planeta, aunque en realidad ha coronado ya 22, algunos hasta dos y tres veces-, aunque de vez en cuando la montaña se toma su venganza con quien anda por ella como Pedro por su casa y le niega el acceso...

- Creo que algo así es lo que le acaba de pasar en el Manaslu...

- ¿No me hable del Manaslu! ¿Tengo una espina clavada que no vea! Se nos enterró todo el material, nos quedamos sin los buzos de altura y sin los sacos de dormir... Total, un auténtico desastre...

- Y tuvieron que desistir de seguir ascendiendo y bajarse....

- ¿Y qué íbamos a hacer? No nos quedaba otra solución. Y lo que más me fastidia es que subieron unas sesenta personas y, con perdón por la expresión, lo hicieron ciegos, cojos e inválidos... Y nosotros, para casa. La montaña es así de ingrata muchas veces...

[Pero como Juanito es incansable y su cabeza no deja de dar vueltas a futuros proyectos, seguro que ya tiene pensados y estudiados los próximos]

- Ahora pretendo descansar unos días porque este pasado jueves llegué de esa fallida expedición al Manaslu (8.163 metros), daré un par de conferencias, entre ellas ésta, y el martes me voy a Argentina a rodar un reality para la televisión vasca y luego al Aconcagua, que aunque lo he subido 17 veces, voy a hacerlo una vez más con una expedición. Total, que hasta el 12 de diciembre no regreso a casa.

[Conferencia que se celebró ayer en el Aulario de la Facultad de Letras de Murcia en La Merced y que contó con decenas de ávidos asistentes que escucharon las andanzas y aventuras de las ascensiones de Juanito a las cumbres-mitos del alpinismo mundial, todo ello apoyado por diapositivas y fotografías]

- Se está convirtiendo usted en un habitual conferenciante en esta zona. Cada cierto tiempo le vemos por aquí...

- Estuve hace unos meses dando un par de charlas en Orihuela. Y siempre que me llaman, vengo encantado a esta tierra porque siempre me tratan de maravilla.

- ¿Alpinista o conferenciante?

- Las dos cosas. La montaña es mi vida y no sabría vivir sin ella. Y las conferencias es de lo que vivo para financiar las expediciones.

-¿Y se vive bien dando conferencias por toda España?

- Se vive bien. No me puedo quejar, pero tengo que darlas.

[Ya saben, Juanito tiene además el mérito de seguir en la montaña, de continuar escalando ochomiles -el último el Makalu el pasado mes de abril- a pesar de tener amputados diez de los doce dedos de sus pies como consecuencia de la severa congelación que sufrió bajando del K-2 en 2004]

- No le he preguntado por sus pies. ¿Cómo le va con esas botas hechas ex profeso para usted para poder seguir escalando?

- No me puedo quejar. ¿Hombre! No es lo mismo, pero me voy adaptando bien...

- ¿No han tenido nada que ver con la fallida ascensión al Manaslu?

- En absoluto. Aquello fue un problema de mala suerte al quedársenos enterrado el material.

-Cuando se ha conseguido todo, se han batido todos los récords habidos y por haber y a uno se le acumulan las gestas, ¿qué le queda por hacer?

- Sólo quiero seguir haciendo montaña. ¿Volver a subir otra vez todos los ochomiles? Eso es algo que pensé en su momento antes de la congelación y la consiguiente amputación en 2004. De momento el tema quedó aparcado por las secuelas físicas que padecí, pero ¿quien sabe! La vida da muchas vueltas e igual sigo añadiendo más ochomiles a los 22 que ya llevo a cuestas.

- ¿No tiene miedo a un accidente? Le recuerdo el incidente mortal que sufrió en mayo de este año su amigo navarro Iñaki Ochoa bajando del Anapurna?

- Ésa es la cara triste de la montaña. Pero los que nos dedicamos a esto sabemos que hay que convivir con ella y ninguno de nosotros estamos exentos de sufrir un accidente. Cuando sales a una expedición sabes que te puedes quedar allí y no volver como le pasó al pobre Iñaki. Tal y como le sucedió a él nos pudo ocurrir a cualquiera. A mí mismo el día de aquel dramático descenso del K-2, por ejemplo. A él bajando del Anapurna se le reventó una vena a 7.400 metros y le produjo una trombosis cuando no había medicamentos ni personal para aliviarle ni se le podía bajar por su estado crítico.

- ¿No le dejó secuelas?

- No. Lo tienes asumido y sabes que tienes que convivir con ello. Es inevitable.

- Desde luego, no cabe duda de que ustedes son de otra pasta...
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