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FICHA PERSONAL
- Creo que algo así es lo que le acaba de pasar en el Manaslu...
- ¿No me hable del Manaslu! ¿Tengo una espina clavada que no vea! Se nos enterró todo el material, nos quedamos sin los buzos de altura y sin los sacos de dormir... Total, un auténtico desastre...
- Y tuvieron que desistir de seguir ascendiendo y bajarse....
- ¿Y qué íbamos a hacer? No nos quedaba otra solución. Y lo que más me fastidia es que subieron unas sesenta personas y, con perdón por la expresión, lo hicieron ciegos, cojos e inválidos... Y nosotros, para casa. La montaña es así de ingrata muchas veces...
[Pero como Juanito es incansable y su cabeza no deja de dar vueltas a futuros proyectos, seguro que ya tiene pensados y estudiados los próximos]
- Ahora pretendo descansar unos días porque este pasado jueves llegué de esa fallida expedición al Manaslu (8.163 metros), daré un par de conferencias, entre ellas ésta, y el martes me voy a Argentina a rodar un reality para la televisión vasca y luego al Aconcagua, que aunque lo he subido 17 veces, voy a hacerlo una vez más con una expedición. Total, que hasta el 12 de diciembre no regreso a casa.
[Conferencia que se celebró ayer en el Aulario de la Facultad de Letras de Murcia en La Merced y que contó con decenas de ávidos asistentes que escucharon las andanzas y aventuras de las ascensiones de Juanito a las cumbres-mitos del alpinismo mundial, todo ello apoyado por diapositivas y fotografías]
- Se está convirtiendo usted en un habitual conferenciante en esta zona. Cada cierto tiempo le vemos por aquí...
- Estuve hace unos meses dando un par de charlas en Orihuela. Y siempre que me llaman, vengo encantado a esta tierra porque siempre me tratan de maravilla.
- ¿Alpinista o conferenciante?
- Las dos cosas. La montaña es mi vida y no sabría vivir sin ella. Y las conferencias es de lo que vivo para financiar las expediciones.
-¿Y se vive bien dando conferencias por toda España?
- Se vive bien. No me puedo quejar, pero tengo que darlas.
[Ya saben, Juanito tiene además el mérito de seguir en la montaña, de continuar escalando ochomiles -el último el Makalu el pasado mes de abril- a pesar de tener amputados diez de los doce dedos de sus pies como consecuencia de la severa congelación que sufrió bajando del K-2 en 2004]
- No le he preguntado por sus pies. ¿Cómo le va con esas botas hechas ex profeso para usted para poder seguir escalando?
- No me puedo quejar. ¿Hombre! No es lo mismo, pero me voy adaptando bien...
- ¿No han tenido nada que ver con la fallida ascensión al Manaslu?
- En absoluto. Aquello fue un problema de mala suerte al quedársenos enterrado el material.
-Cuando se ha conseguido todo, se han batido todos los récords habidos y por haber y a uno se le acumulan las gestas, ¿qué le queda por hacer?
- Sólo quiero seguir haciendo montaña. ¿Volver a subir otra vez todos los ochomiles? Eso es algo que pensé en su momento antes de la congelación y la consiguiente amputación en 2004. De momento el tema quedó aparcado por las secuelas físicas que padecí, pero ¿quien sabe! La vida da muchas vueltas e igual sigo añadiendo más ochomiles a los 22 que ya llevo a cuestas.
- ¿No tiene miedo a un accidente? Le recuerdo el incidente mortal que sufrió en mayo de este año su amigo navarro Iñaki Ochoa bajando del Anapurna?
- Ésa es la cara triste de la montaña. Pero los que nos dedicamos a esto sabemos que hay que convivir con ella y ninguno de nosotros estamos exentos de sufrir un accidente. Cuando sales a una expedición sabes que te puedes quedar allí y no volver como le pasó al pobre Iñaki. Tal y como le sucedió a él nos pudo ocurrir a cualquiera. A mí mismo el día de aquel dramático descenso del K-2, por ejemplo. A él bajando del Anapurna se le reventó una vena a 7.400 metros y le produjo una trombosis cuando no había medicamentos ni personal para aliviarle ni se le podía bajar por su estado crítico.
- ¿No le dejó secuelas?
- No. Lo tienes asumido y sabes que tienes que convivir con ello. Es inevitable.
- Desde luego, no cabe duda de que ustedes son de otra pasta...





