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Sergio Cabral, gobernador del estado, lo confirmó al justificar sus métodos para combatir el delito en la capital. «El que crea que puede enfrentar tan solo con discursos a bandidos que están fuertemente armados con fusiles y granadas está equivocado», declaró luego de conocer las estadísticas del Instituto de Seguridad Pública (ISP) sobre la evolución de los distintos delitos.
La seguridad es un asunto que depende del estado, no de la ciudad de Río. En la ciudad los políticos están mejor dispuestos a debatir formas más humanizadas de perseguir a los delincuentes. Dirigentes opositores a Cabral que participaron de los comicios municipales de este mes, sostienen que el gobernador es «genocida y fascista». Y que sus métodos de ataque desenfrenado a sospechosos abre la puerta a un creciente número de muertes indiscriminadas contra civiles.
Los habitantes de las favelas, los asentamientos pobres donde vive al menos un tercio de la población total de Río, aseguran que la vida en esos barrios es indigna y muy peligrosa por estas balaceras. A la medianoche se establece un "toque de queda" de hecho y ya no se puede salir sin riesgo de ser víctima de un disparo de arma de fuego.
Los datos del ISP, que relevaron unos 40 delitos, indican que hubo, por ejemplo, «mejoras» en el combate al homicidio doloso, donde se registraron menos víctimas que en los primeros siete meses de 2007, y aumento en los robos seguidos de muerte. Menos robos de autos (16.242 casos en siete meses de este año contra 19.393 de igual período de 2007) y más robos de celulares (de 4.386 a 4.766).
Pero lo que realmente eriza la piel de los más de 6,1 millones de cariocas es el incremento constante del número de «autos de resistencia», un eufemismo del ISP para aludir a los casos de personas caídas por disparos policiales en actos de supuesta resistencia a la autoridad.







