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Cultura

09.10.08 -

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A quien corresponda (para que nadie se sienta ofendido): Yo tampoco estuve en la concentración de anoche. Y no me dolió, porque jamás he participado en experimentos de este tipo. Ahora bien: que el consejero de Cultura haya modernizado la política se puede entender de muchas maneras.

El consejero ha utilizado enraizados apoyos políticos y ha esparcido suculentos presupuestos económicos para ejercer sus funciones. Disponiendo de millones de euros, no hay inconveniente en convocar a los mejores grupos de música o de teatro, y organizar las exposiciones de los más famosos artistas. Ya dice el refrán (y los refranes contienen mucha sabiduría) que con buena... ¿Es esto modernizar la política cultural? Uno no niega que determinadas manifestaciones artísticas tengan su interés, pero, ¿a quiénes, a cuántos llega ese interés? ¿Es atrayente, progresista, moderno... el montaje de cama, armario, zapatillas..., instalado en la Plaza de los Apóstoles? ¿O la cercana habitación televisiva? ¿Qué mensaje quieren transmitir los enormes botes de yogur, instalados en las plazas de Santo Domingo y Romea, y conectados por una burda cavidad? ¿Cuánto arte encierran? ¿Y qué significado entrañan los colgajos de muñecos rotos, colocados ante la mismísima puerta de la iglesia de Santa Catalina? ¿Tanta diferencia existe entre los desfiles de música y danza de Alter-Arte y la supuesta Charanga del Tío Honorio?

El consejero debiera pasear, de soslayo, ante estas presuntas manifestaciones artísticas. Y escuchar... Si considera que los comentarios de desprecio, y los cachondeos populares que provocan estas instalaciones de Alter Arte están dentro de la finalidad buscada, entonces lleva razón en su concepción artística.

Lamentablemente, el consejero parece -y así habrá que decírselo algún día- más que un defensor del arte -clásico o vanguardista- una mente enclaustrada en sus propios conceptos. Hay quien afirma que Pedro Alberto Cruz, a propósito del affaire Leo Bassi, llegó a barajar la posibilidad de dimitir. Qué lástima que no se decidiera afirmativamente. Me atrevería a decir que, si no lo hizo, no fue por temor a quedarse sin cargo -casi seguro que tendría otro disponible-, sino por no abandonar sus influencias. Está en su derecho.

No fui a la manifestación, pero mi postura ante la situación y ante el personaje parece evidente.

Si se entiende que Pedro Alberto Cruz está modernizando la cultural regional, ¿por qué no entender que yo soy el obispo de Guadix-Baza?
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