Television

Pero no está solo, durante el reciente Festival de Cine de San Sebastián, el personaje que despertó más expectación por parte de los fans no fue ni el cómicamente idealista Antonio Banderas ni el creador ocurrente y sensible de Otra mujer o Interiores que es Woody Allen. La gente congregada quería ver a Miguel Ángel Silvestre, conocido por su papel de El duque en la serie Sin tetas no hay paraíso de Telecino. Medio centenar de periodistas se congregaron en la puerta del hotel María Cristina para tomar la instantánea de este actor famoso por interpretar a un narcotraficante sin escrúpulos cuyo único objetivo es ponerse al frente de su organización criminal. Todo un ejemplo. Comparado con él, Ángela Channing de Falcon Crest queda como una aburrida brocker ávida por comprar las acciones de los viñedos para fabricar mosto.
El crítico de televisión José Javier Esparza considera muy grave que sobre todo en las series y programas españoles se acentúe el valor de los personajes amorales o que viven sin esfuerzo como modelos vitales. «Es un problema cultural autóctono creado por unos guionistas incapaces que trabajan para aumentar la audiencia», considera.
Un pobre chaval
Y eso que al fin y al cabo son trabajos de ficción que, como recuerda Esparza, «siempre tienen un perfil moral». «El Duque es en el fondo un pobre chaval que se gana la vida como puede y el personaje de Dexter un estudio sobre el uso de la violencia», remacha. Más graves son espectáculos como Gran Hermano o el fenómeno Risto, de Operación triunfo. Gente normal que ante las cámaras convierten la mala educación y la prepotencia en espectáculo.





