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LA COLUMNA DE LA ACADEMIA

04.10.08 -

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Desde los experimentos clásicos de Pasteur sobre la generación espontánea, se han realizado numerosos estudios sobre el origen de la vida y la naturaleza del proceso que puso en marcha el mecanismo de evolución biológica sobre la Tierra. Varios aspectos esenciales de este tema constituyen un importante reto científico con respuestas aun por desvelar, pero parece claro que los primeros seres vivos que aparecieron en nuestro planeta fueron células microbianas. Tal suceso ocurrió hace aproximadamente 3.500 millones de años y predomina la noción de que estas formas ancestrales se originaron a partir de materia inerte en las condiciones de la Tierra primitiva.

Un sugestivo estudio realizado en el Instituto de Medicina Aeroespacial de Colonia (Alemania), publicado recientemente en la prestigiosa revista Astrobiology, permite revivir las ideas sobre el origen extraterrestre de la vida en nuestro planeta que defendió el químico Svante Arrhenius (1859-1927). Esta vieja teoría, denominada panspermia, careció en principio de una amplia aceptación. En esencia, sugería que la vida tuvo su origen fuera de la Tierra y que llegó aquí mediante el transporte de microorganismos por meteoritos. La escasa credibilidad inicial de esta propuesta se debió a que por aquel entonces se ignoraba la existencia de formas vivientes capaces de resistir las condiciones extremas que se presentan en los viajes cósmicos interestelares. Además, la teoría parecía poco atractiva porque no explicaba estrictamente el origen de la vida, sino que lo trasladaba a un origen más remoto. Sin embargo, un grupo de investigadores alemanes del citado Instituto ha demostrado ahora experimentalmente que el punto más crítico de la teoría considerada por Arrhenius no parece del todo imposible.

Estos científicos realizaron ensayos de viabilidad con esporas y células vegetativas de bacterias, después de ser embebidas en rocas de composición análoga a las detectadas en otros planetas y sometidas a condiciones de presión y temperatura similares a las registradas en los desplazamientos espaciales de los meteoritos. Los sorprendentes resultados indican que los microorganismos resisten la hipervelocidad, la temperatura y los impactos esperables en este tipo de sucesos, revelando que pueden viajar así de un planeta a otro en estado viable. Las formas más resistentes fueron las esporas bacterianas, pero las células vegetativas también mostraron una capacidad de supervivencia muy significativa en los mismos tratamientos. En resumen, los datos apoyan la idea de que la Tierra primitiva pudo ser sembrada de formas vivientes microbianas de origen exógeno por asteroides resultantes de cataclismos cósmicos. Mariano Gcto Fernández es Académico Numerario de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia.
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