XXXIX FESTIVAL DE TEATRO MOLINA DE SEGURA ALBERT BOADELLA DIRECTOR DE ELS JOGLARS

DÓNDE Y CUÁNDO
-La última vez que hablamos, en 2006, me dijo: «Cambiaría Cataluña por vivir en la huerta de Murcia». Pero, al final, nada, ni se le ha visto por aquí. Qué desilusión, ¿hombre!, nos ha dejado usted con las ganas.
-(Risas). Bueno, tampoco he dejado de vivir en Cataluña, ¿eh!, lo que pasa es que vivo exiliado en Cataluña. Mi exilio transcurre en una casa del siglo XV, fantástica y con un hermoso jardín, y no es fácil irse de allí, nada fácil.
-No sé que habría hecho usted estos días, de vivir en Murcia, tras conocer el lío que se ha formado con la noticia de que el bufón Leo Bassi era descabalgado al trote, por decisión de la consejería de Cultura regional, de la conocida desde hace tiempo programación del festival Alter-Arte.
-Parece mentira que hoy sigan pasando estas cosas. Hay políticos que actúan como si no se creyeran lo verdaderamente importante que es la libertad. Además, no se dan cuenta de que sería mucho más rentable para ellos defenderla que enfrentarse a los inconvenientes que los comediantes podemos provocar cuando se atenta contra ella. El resultado de anular una participación como la de Leo Bassi les va a resultar muchísimo más costoso que el haber aceptado su espectáculo, que no es más que un espectáculo. Lo curioso es que todavía en España no hayan descubierto esto, mientras que en casi toda Europa ya lo tienen muy claro.
-¿Leo Bassi cuenta con su apoyo?
-Sí. Vamos a ver: aquí la única cosa que no debe ser discutida es la necesidad de que los espectáculos tengan calidad. La calidad es sagrada. Para mí, Leo Bassi es un gran profesional; y, a partir de ahí, que haga lo que quiera.
-¿Por qué se le tiene tanto temor a los -buenos- cómicos, a los -buenos- bufones?
-Es realmente muy curioso este temor ancestral que se nos tiene. Un temor que parece más propio de la época medieval. A veces es una lata que esto sea así, claro; pero, por otro lado, está muy bien que este oficio tenga esta capacidad de provocación, de ser capaz de movilizar a la gente, de inquietar al poder, de poner nerviosos a los políticos.
-¿Qué les diría a los políticos de Cultura del PP de Murcia?
-Que no sean tan suspicaces y que sepan que con estas decisiones no hacen absolutamente nada en favor de la moral y las buenas costumbres. Lo que sí hacen es crear muchas suspicacias en la población hacia ellos. Si los políticos del PP de Murcia fuesen listos, contratarían a Leo Bassi, aunque ya fuese al margen del festival y aunque tuviesen que tragar algunos sapos; no pasa nada, se puede rectificar.
Brindis
-Su compañía, Els Joglars, llega el martes al Festival de Teatro de Molina con su último y espléndido montaje, La Cena. ¿Con qué propósito nos invita a cenar?
-Desde luego, no con el de brindar por esta fiesta general de la imbecilidad que estamos viviendo en este tiempo. Son unos tiempos de una enorme impostura, de una enorme hipocresía y estupidez. Ahora se lleva el autocomplacerse a uno mismo diciéndose que uno es ecológico, fantástico, pacifista, de todo. Y, claro, todo eso suele ser pura apariencia, porque luego la realidad es bien distinta. Hay mucha impostura intelectual, mucha pose y muchos silencios tremendos ante situaciones verdaderamente injustas. Hay que llevar mucho cuidado con que no se monte una especie de nueva religión laica, por ejemplo, en torno al medio ambiente y al cambio climático. Caemos en el ridículo. Por un lado, se nos invita a todas horas a consumir compulsivamente todo el tiempo; y, por otro lado, hipócritamente, unos y otros nos echamos las manos a la cabeza por la contaminación, los residuos, el no sé qué...
-¿A quién le puede resultar indigesta La Cena?
-Hay mucha gente, de mi generación y de otras, que han ido siempre de progres y lo siguen yendo, que no digerirán este espectáculo con facilidad. ¿Hombre, el humor siempre es el humor! Pero no les resultará fácil, no. La obra empieza muy alegremente, pero poco a poco se va agriando y la sonrisa se va congelando.
Ángulo de visión
-Dicen que usted se ha vendido a la derecha, que se ha vuelto un conservador, que está irreconocible, que en La Cena critica sin cortarse un pelo a todo lo que tiene que ver con la izquierda, Zapatero incluido, y que deja a la derecha plácidamente al margen.
-¿No me voy a dedicar ahora a criticar al PP, al que ya se le ha criminalizado bastante! Yo me dedico a criticar a los que se creen los buenos, a los que se creen que tienen toda la razón. Yo he cambiado el ángulo de visión...
-Sí, eso está muy claro.
-Antes me reía de los que estaban fuera de nuestro teatro, y ahora también lo hago de los que están dentro. No me interesa nada estar dentro del grupo de opinión general, de lo que dicen los medios de PRISA, por ejemplo. A mí me gusta ir, por decirlo con palabras llanas, de mosca cojonera.
-¿Le importa que le critiquen por haber aceptado la oferta de la presidenta Esperanza Aguirre para dirigir en Madrid los Teatros del Canal?
-En absoluto. A mí lo que me importaría es que me relacionasen con grupos neonazis, pero que me relacionen con un partido democrático no me preocupa. Lo que pasa es que se equivocan, porque yo no soy del PP, ni soy del PSOE. ¿Hombre, no confundamos las cosas, el PP es un partido democrático y, por tanto, merece todos mis respetos!
-¿Qué le ha hecho a usted Ferrán Adrià para que lo maltrate tanto?
-Este endiosamiento de los cocineros refleja una cierta decadencia. Indro Montanelli decía, sobre la Roma antigua, que su decadencia coincide con el alza de los cocineros. Hoy se han convertido en los grandes gurús de la cultura, ¿qué quiere que le diga? Esta atención tan desorbitada a los cocineros a mí me huele... mal.







