EL AJEDREZ DEL TÍO PENCHO UNA PARTIDA CON LOS PERSONAJES DE MAN
AL DETALLE
Lo que le achaco al curioso personaje (este su afán de mojar pan en cualquier caldico), no ha de tomarse como defecto, antes bien como virtud. Y ello porque el Tío Pencho es un representante genuino, como se suele decir, de la sociedad civil.
¯¿Mande? -pregunta el Pifanio.
A ver. La sociedad civil somos nosotros, la gente llana, los que sostenemos el país. Más sencillo: la sociedad civil es el entero pueblo, descontando a los políticos, a los eclesiásticos y a los militares, como es natural y lógico. O sea, nusotros.
El Tío Pencho, que no es tonto, a la vista de la que llamaremos situación murciana, ha tomado un camino. Y ese camino es despertar la conciencia del personal de a pie, para que -visto que los de arriba no acaban de tirar del carromato- sean los ciudadanos quienes llevemos la iniciativa de la marcha del país y de sus paisanos.
Pero, claro, para que eso se cumpla, los paganos tenemos que ponernos a pensar. Y, para pensar, hay que recuperar el hábito. Lo primero que conviene hacer, desde luego, es apagar la tele y ponernos como se puso para la foto el Pensador de Rodin, con tal de que las neuronas se nos activen.
Para que eso sea posible, el Tío Pencho ha mandado que practiquemos el ajedrez, que es el juego más idóneo para la meditación. Para mejor invitarnos a ello, él mismo y su familia se han sometido al supremo sacrificio de convertirse en piezas del tablero. Y acude a La Verdad (su segunda casa), encargándole que distribuya la herramienta.
Así es que, en cuanto que el ajedrez en technicolor esté repartido dentro y fuera de la Huerta, el buen hombre espera ver a todos los murcianos pensando soluciones a la crisis.
¯A mí -dice el Tío Pencho- lo que más busto me da es enroscarme con la Torre de la Catedral y el Rey de España.










