SHANNA SWAN DIRECTORA DE EPIDEMIOLOGÍA REPRODUCTIVA DE LA UNIVERSIDAD DE ROCHESTER (EE UU)

¿QUIÉN ES?
-¿Qué relación existe entre ser una devoradora de filetes de ternera y la creciente pérdida de capacidad reproductiva de los varones?
-Primero es importante dejar claro que el estudio al que me refiero lo hicimos en el Centro Médico de la Universidad de Rochester entre los años 2000 y 2003 a 387 madres con hijos adultos. Las mujeres recuerdan con facilidad lo que consumieron cuando estaban embarazadas y relataban en un cuestionario su alimentación y sus hábitos. En EE UU antes no estaba prohibido hormonar al ganado vacuno para adelantar el crecimiento, por lo que estas madres había comido carne que contenía en la grasa hormonas. Así, en el estudio, publicado en 2007 en la revista Human Reproduction, se vio claramente que la concentración promedio de semen en los hombres descendió a medida que aumentaba el consumo de carne en sus madres.
-¿Por qué afecta a la fecundidad? La ternera contiene proteínas necesarias para crecer...
-Por supuesto. Estas hormonas son disruptores endocrinos, sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal. Respecto a la fecundidad, mimetizan los efectos de los estrógenos y producen una especie de feminización en el organismo del gestante. Así los varones sufren pérdida de la calidad seminal.
-¿No se puede evitar esa alteración hormonal?
-Queremos analizar lo que ha ocurrido en otros países de Europa, donde desde 1998 el uso de hormonas para el crecimiento en el ganado está prohibido. De esta forma podremos comparar si afectó de igual manera a las gestantes y a sus hijos. En EE UU también están prohibidas estas sustancias desde hace años.
-Pero en sus investigaciones también han descubierto que estamos rodeados a diario de otras amenazas para la reproducción humana...
-Sí, por los ftalatos. Los efectos en los seres humanos de estos productos químicos preocupan a científicos de todo el mundo. Son compuestos químicos que se emplean como plastificadores. Están presentes en plásticos, cosméticos, juguetes, jabones, equipos médicos, desodorantes... Mi equipo en Rochester publicó un estudio en la revista Enviromental Health Perspectives en el que se demuestra que la exposición a estos productos provoca malformaciones en los órganos sexuales de los bebés varones. Analizamos a 134 bebés y hallamos que las madres expuestas a altas concentraciones tenían más posibilidad de tener hijos con síndrome del ftalato: penes más cortos, testículos reducidos o menor distancia entre los genitales y el ano.
-¿Y cuál es la causa?
-Los ftalatos suprimen los niveles de testosterona y ésta es vital en el desarrollo de la sexualidad.
-¿Y por qué no se prohíbe el uso de los ftalatos de inmediato?
-Como comprenderá, siempre hay barreras comerciales y económicas, pero se está avanzando mucho. Bush acaba de anunciar que aprobará una ley para prohibir su empleo en objetos que usen menores de 3 años, y la Unión Europea ya aprobado una ley en ese mismo sentido. Además, hasta ahora la industria que fabrica estos productos funcionaba con el filosofía de si no se demuestra que son perjudiciales, los fabrico. Algo así como 'son inocentes si no se demuestra lo contrario'. Ahora las agencias de seguridad han cambiando las normas y los fabricantes deben demostrar que sus artículos son inocuos.
-Aunque sea prematuro, ¿sospechan que todos estos factores ambientales son la causa de que los problemas reproductivos de las parejas se hayan disparado en los países desarrollados?
-Sí. Es aún una hipótesis que requiere más evidencia científica, pero creemos que están detrás de los problemas reproductivos.
-Ofrezca un poco de esperanza a las futuras madres. Dígame cuál es la dieta idónea para que no perjudiquen el esperma de su hijo varón.
-Además de comer carne no hormonada, deben tomar antioxidantes en verduras y frutas, no ingerir alimentos envasados en plástico ni calentar la comida en recipientes de plástico porque se filtran las sustancias. Pero quiero dar un mensaje de esperanza: el daño que causaban a nuestro cuerpo los productos orgánicos persistentes, ya prohibidos, eran permanentes. Los ftalatos se eliminan si dejamos de exponernos a ellos. Aún hay solución.





