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TRAGEDIA AÉREA EN ESPAÑA ENTRE LA PERPLEJIDAD Y LA TRISTEZA

Varios pasajeros se libraron del trágico vuelo gracias al 'overbooking'o el retraso
21.08.08 -

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A tres minutos de la muerte
SALVADO. Héctor relatando ayer a los medios cómo perdió el avión siniestrado por un retraso. /EFE.
Tres minutos de retraso impidieron ayer que Héctor y su novia, una joven pareja canaria, pudieran ocupar su puesto en el avión de Spanair que habían contratado. Regresaban de sus vacaciones estivales rumbo a la tierra donde residen y un leve retraso les impidió subirse a ese vuelo. Minutos más tarde, éste sufrió un accidente y más de un centenar de personas perdieron la vida entre sus hierros. El destino, sin duda, jugó a su favor.

Héctor relató ayer a los medios de comunicación desplazados en el aeropuerto de Barajas su historia y cómo cuando llegaron al mostrador de facturación les dijeron que el vuelo se había cerrado tres minutos antes. Su pareja no daba crédito a lo sucedido y fue incapaz de articular palabra. La noticia del accidente dejó a ambos consternados, pero agradecidos de su suerte por no haberse subido a ese avión. A la espera de poder regresar hoy mismo a Las Palmas, de donde son originarios, esta pareja ha pasado la noche en Madrid.

La fortuna jugó de su lado, pero no fueron los únicos que ayer escaparon de las garras del destino. En la jornada de ayer se conocieron las historias de varios pasajeros que, en el último momento y por muchas y muy diferentes causas, no tomaron el trágico vuelo de Spanair que debía trasladarlos a Las Palmas pero que, al final, acabó llevando a 147 personas a la muerte.

Rafael es uno de esos ciudadanos a quienes ayer le rondó la muerte en el aeropuerto de Barajas. Tenía billete para el vuelo JKK 5022, pero llegó «un poco tarde» al mostrador de facturación y le informaron de que, debido al «overbooking», no había plazas en el avión, según relató el mismo. Aunque en un primer momento le ofrecieron la opción de pasar a primera clase, después le informaron de que tampoco era posible y su única alternativa era volar «un par de horas después».

Cuando, decepcionado por el retraso, aguardaba en la Terminal 2, recibió una llamada telefónica de su hermano que, alertado por el accidente, temió lo peor. Recuperado el familiar del susto, «me comunicó lo que había pasado». Rafael, como la mayoría de los usuarios del aeropuerto de Barajas, no se habían enterado de la tragedia, cuando los medios de comunicación informaban del accidente al mundo entero. De hecho, reconoció que en un primer momento no dio credibilidad a las palabras de su hermano, «porque en el aeropuerto no se notaba nada».

Goreti es otra de las pasajeras que tenía previsto tomar el vuelo de Spanair, pero finalmente lo cambió por otro. «He vuelto a nacer, porque había pinchado en Internet ese vuelo y por diez euros no lo he cogido. Cambié Spanair por Iberia». Goreti llegaba a la Terminal 4 en el preciso momento en el que se consumió la tragedia. «Pensaba que era un simulacro de algo, la explosión fue demasiado perfecta, muy alta, tremendamente visible y pensábamos en ese momento que era un simulacro, que no podía estar sucediendo nada a esa hora fuera de lo habitual».
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