SOCIEDAD

En el 2001, TVE y Gestmusic sorprendieron a todo el país con un novedoso concurso en el que 16 artistas ingresaban durante tres meses en una academia con la ilusión de convertirse en cantantes. El premio, grabar un disco y representar a España en el Festival de Eurovisión. La apuesta pretendía recuperar los espacios musicales en televisión, muertos desde los 80, y a la productora catalana no pudo salirle mejor. El país se contagió del Europe's living a celebration de Rosa, y varios intérpretes consagrados, molestos tal vez por el éxito comercial de aquella primera promoción, no dudaron en alzar la voz.
Manolo García, por ejemplo, llegó a publicar un comunicado de protesta por la inclusión de una canción suya en una de las galas. «Me cuesta entender que se puedan llenar mañanas y noches viendo cómo estos chicos -por los que tengo todo el respeto (...)- hablan con sus abuelitas para contarles que en la Academia se come bien (...), mientras que a excelentes músicos de este país con obra propia y un trabajo demostradamente interesante les cueste tanto conseguir dos minutos de nuestra televisión estatal», escribió el que fuera cantante de El Último de la Fila.
Hoy ya nadie habla de los triunfitos pasados. No lo hace ni su propia productora, una de las más activas a la hora de promocionar sus espacios y que se niega sistemáticamente a entrar en qué ha sido de los triunfitos olvidados por el éxito. La semana pasada, El Follonero mostraba la evidencia en su programa. En la cola para entrar a una gala, todo el mundo reconoció a Jordi Évole, pero nadie sabía quién era su acompañante. No sólo eso, es que nadie se creía que se tratara de José, un concursante de la tercera edición. Y es que más allá de Bisbal, Bustamante y Chenoa, ¿quién ha conocido el éxito que promete la operación?
Por la media docena de OT -tres en TVE y otros tantos en Tele 5- han pasado 99 jóvenes. De ellos, sólo una, Ainhoa, habla abiertamente sobre el programa. Lo ganó, no le gustó lo que vio y decidió seguir su propio camino al margen de la industria y de las discográficas. Del resto es prácticamente imposible arrancar una declaración.
Naím Thomas fue uno de los más polémicos el año en que a Rosa le cambio la vida. Ahora hace de jurado para Madrid Superstar, el concurso de talentos de Telemadrid. De su promoción, Geno es contertulia en Está pasando; Javián volvió a la pequeña pantalla en Supervivientes tras probar fortuna en musicales, y Alex Casademunt pasó por distintos programas para regresar a la academia a presentar El chat, en el 2007. Sus apariciones en los medios son continuas, pero nunca hay una declaración sobre el programa. La ley del silencio impera también cuando se abandona la academia.
De la segunda edición, Mai Meneses fue la primera expulsada y, paradójicamente, la que mejor futuro ha tenido con su grupo, Nena Daconte. Vega y Nika sacaron disco y consiguieron la atención de las radiofórmulas, mientras que los finalistas Beth y Manu Carrasco pelean por seguir editando discos. La catalana ha realizado sus pinitos como actriz.
Lo más llamativo es la protección de las discográficas sobre los últimos ganadores. Su tirón mediático no es comparable al de Bustamante y las casas de discos tratan de separar su presente de la estancia en el concurso. Vicente Segui ganó en el 2003, Sergio Rivero en el 2006 y Lorena Gómez en el 2007. No atienden a los medios a no ser que se trate de promocionar sus álbumes, la política que siguen con Edurne.







