
Juntas interpretaron Los cuatro muleros y hasta la Zarzamora, para concluir con un Gracias a la vida que tuvieron que extender a lo largo de los minutos porque el público no consentía que las dos estrellas se fuesen del escenario, reclamando su presencia una y otra vez. Nunca antes se había contemplado un lleno tan espectacular, tan hasta la bandera. Supo a poco y, otra vez, los organizadores de Espirelia debieron conjurarse con los dioses para disponer de una noche tan magnífica que hasta Pontes y Morente alabaron por la «luna», y «las estrellas».
En el centro del espectáculo se pudo ver a una Morente más flamenca que nunca que, por momentos, recordaba a La Niña de los Peines. Entre bulerías y soleás, se salía como dirían las gentes del sur. Y hasta hizo coqueteos con el mundo del toro, manejando el mantón de manila como lo hace su madre, la bailaora Aurora Carbonell.
Pontes no dejó a nadie indiferente. En el escenario estuvo arrolladora. Mezcló el fado con el folclore portugués, la poesía y la música medieval, logrando un intimismo imposible de comparar con ninguna otra experiencia de música en directo. A la salida, todos los decían: «Ha sido un concierto de esos que no se olvidan».








