
Peret recupera el Borriquito abandonado cuando entró en 1982 en la Iglesia Evangélica de Filadelfia y en el que se monta esporádicamente desde que reapareciera en la clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Tampoco descarta salir de gira. «Nos gusta comer bien y que nos paguen bien, así que tocar más conciertos también depende de lo que nos ofrezcan empresas o ayuntamientos interesados», declara el cantante. Las malas lenguas achacan el renovado espíritu rumbero del artista a los cambios en su vida sentimental, rehecha junto a una joven de 19 años tras decirle tururú a su santa de toda la vida.







