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Tras rezar la víspera a la Virgen en la gruta de Lourdes por un milagro que libere a todos los rehenes, Betancourt recibió una obra de Santa Teresa de Jesús de manos del gobernante español que más se ha distinguido por la defensa de la aconfesionalidad del Estado en la restauración democrática. Se trata de 'El libro de la vida', en una edición de Elisenda Lobato García publicada por Lumen. También le regaló un ejemplar de La Divina Comedia ilustrado por el artista mallorquín Miquel Barceló. En el lote, con los libros, iban dos camisetas de fútbol. Una de la selección española, flamante campeona de Europa y líder del escalafón mundial de la FIFA. La otra, de Zidane, recién usada. El ex jugador la había lucido la noche anterior en un partido de viejas glorias conmemorativo del décimo aniversario de la conquista por Francia del título mundial. Lleva de su puño y letra la dedicatoria «con amistad», guiño a una hincha insospechada.
En una entrevista publicada en el último número del semanario París Match, Betancourt cita en primer lugar, entre los acontecimientos internacionales que marcaron su secuestro, la final del Mundial 2006. «Lloré cuando Francia perdió», confiesa la entonces rehén, quien señala que aquel partido planteó «problemas en mi campamento porque había los proIngrid, es decir los proFrancia, y los partidarios de Italia...», que eran los guerrilleros, si se rellena con lógica los puntos suspensivos.
Reconciliación
Tras la entrevista, Betancourt juzgó la reconciliación entre los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y Colombia, Álvaro Uribe, como «una bendición» para sus compatriotas y «una imagen de esperanza» para los rehenes de las FARC que siguen en la selva. Pero no se pronunció sobre el crédito que le merecen las noticias sobre eventuales relaciones entre la guerrilla y ETA con el argumento de que no tuvo contacto con el secretariado de las FARC pues estuvo secuestrada por comandantes de segundo y tercer grado. «Ésa es una información que no tengo», dijo.
Zapatero la invitó a visitar España, donde le garantizó que siempre será bienvenida y podrá comprobar «el cariño que se le tiene y la esperanza que representa para aquellos que sufren y que desean y ansían la libertad». «También he querido agradecerle las palabras siempre cariñosas que ha tenido hacia España y a nuestra modesta tarea», agregó antes de comprometerse a secundar a Uribe en los pasos que estime «más convenientes».









