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TRIPLE CRIMEN Y SUICIDIO EN YECLA EL ADIÓS A LA FAMILIA PÉREZ-SERRANO

El parricida, su mujer y los dos hijos fueron despedidos en un funeral conjunto por decisión de sus familiares, al que acudieron varios cientos de vecinos
13.07.08 -

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Descansan juntos
Juan Pérez, Josefa Serrano y sus hijos Samuel y Alba descansan ya en tres nichos contiguos del cementerio eclesiástico de Yecla. Las dos familias, que mantienen una estrecha relación que ni siquiera la tragedia ha podido destruir, así lo han decidido. Los dos niños comparten uno de los nichos. El funeral también fue conjunto. Varios centenares de personas se acercaron a la Basílica de la Purísima para apoyar a las familias. Fue un acto contenido, pese al dolor. Una mujer sufrió un desmayo y tuvo que ser atendida en la puerta de la iglesia por voluntarios de Protección Civil. Pero, en general, la conmoción era tal que ni siquiera parecían quedar fuerzas para exteriorizar el sufrimiento.

Los féretros llegaron a las once de la mañana rodeados de silencio. La ceremonia fue corta. Menos de una hora. Después, los coches fúnebres pusieron rumbo al cementerio en un recorrido que ya fue privado, exclusivo para los más allegados.

Nadie puede entender lo que ha sucedido. Antonio Rubio se agarró al muro de la iglesia para no desfallecer cuando vio pasar ante él los féretros. «Salíamos juntos a cazar. A él le gustaba mucho, pero dejó hace ya tiempo la Sociedad de Cazadores. Era muy buena persona. Fuimos muy amigos, aunque ahora nos veíamos poco. La última vez, hace ya un año».

Entre quienes acudieron al funeral, muchos vecinos de los padres de Josefa, que viven en la calle Lepanto de la localidad toda la vida. «A Pepi la conocía desde muy pequeña, por su familia», contaba Ana María Ortín. «El matrimonio parecía muy unido; daba la impresión de que todo les iba bien». En general, ha sorprendido mucho la carta en la que Juan Pérez describe sus problemas económicos. Juana Palau, muy cercana a Josefa Serrano, no sale de su asombro. «Él era una persona muy trabajadora y ganó mucho dinero; vivían muy bien».

En su homilía, el vicario episcopal, José Alberto Cánovas, pidió respeto para el dolor de la familia. Mientras, El alcalde, Juan Miguel Benedito, subrayó que «hay que dejar a los especialistas, en este caso a la Guardia Civil, que investigue que es lo que ha ocurrido realmente». Recordó que «era un matrimonio totalmente normal, con dos niños perfectamente integrados en el colegio».

El primer edil acudió acompañado de buena parte de la corporación municipal.
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