Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Cultura

CRÍTICA DE MÚSICA FESTIVAL DE JAZZ SAN JAVIER

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Lección magistral de swing
AL SAXO. Pedro Iturralde, el viernes, en San Javier. / M. BUESO
A clase se asiste con diligencia y sin deseos de que suene la campana si el profesor es un experimentado, sabio y volcado maestro como Pedro Iturralde, el pionero del jazz español. Dignificado por un aura otoñal, el músico navarro llevó de la mano al numeroso público que llenó el auditorio de San Javier por la historia del jazz, amenizado por sus vivencias, como una de esas clases que nunca se olvidan. Demostró conservar la energía y el sonido fresco e incisivo que le ha diferenciado a lo largo de su carrera, que comenzó a los 9 años cuando tocaba en los bailes con la orquestina de su pueblo. El músico en ciernes que llevaba dentro escuchó discos de Louis Armstrong y se hizo el milagro. En su concierto cronológico, enhebró el hilo de la memoria con un medley, un delicioso popurrí de melodías de Gershwin, Ellington, Artie Shaw y Benny Goodman, que inició al clarinete con las caloríficas notas de Summertime, el clásico de Gershwin para la ópera Porgy and Bess.

Por allí pasó la época dorada del jazz, de las big bands y de los maestros del maestro. «Este concierto será mi vida», avisó el multiinstrumentista de Falces, que lo mismo emociona al clarinete que al piano o consagra a Coltrane con el saxo. Entró con bastón, pero sacó su fuerza para seguir haciendo afición, años después de dejar el Whisky Jazz Club, aquel garito madrileño con olor a humo y madera que acogió a muchos de los grandes. Trasladó a los que se matricularon en su clase de elegancia hasta Grecia a bordo de su evocadora Suite Helenica, y se valió de la empatía con el pianista para recordar con el clarinete la belleza de los Fuegos fatuos de Manuel de Falla. Al pianoy en solitario, este jazzista nocturno e innovador convertido en profesor de conservatorio recordó a García Lorca con algunas coplas andaluzas y se despidió con un tributo a Thelonious Monk al clarinete. Un lujo de clase magistral.

Noche de campanillas

Era noche de campanillas, con The Manhattan Transfer esperando en el backstage y lleno hasta la bandera. El cuarteto de voces, archiconocidas tras varias décadas con la misma fórmula, llegó con las espaldas cubiertas por una competente banda que ayuda a dar brillo al swing clásico americano. Se podía cerrar los ojos y dejarse llevar a los clubs de jazz bailable de Harlem, ver en la tele a Lucille Ball y los destellos de Broadway. La conjunción de voces es casi perfecta, y se complementa con los roles asumidos por cada cantante. Así, la histriónica Cheryl pone los jugueteos vocales, scats y el tono chispeante, mientras su compañera Janis adopta la solvencia vocal. Alan Paul se estira con los blues y los ritmos más joviales, junto al más veterano, Tim Hauser, ideólogo del conjunto. Ya en la sexta edición del Festival cautivaron al público y de nuevo se llevaron cerrada ovación con los temas de su nuevo disco, Swing, a los que añaden parte del cancionero americano, piezas de Armstrong, Louis Jordan con un woogie boggie, Count Basie o Jon Hendriks. Llevan al climax final con las melodías más conocidas, coreadas por el auditorio al completo, esa sorprendente conversación telefónica con las alturas en Operator, o aquella de machacón estribillo Cuéntame cómo pasó. Acunaron al personal para despedirse con Chanson Dámour, en un divertido e infalible final de melodías de la memoria que hace que nadie quiera marcharse a dormir.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios


Noticias de Cultura

Enlaces de Interés

Vocento
SarenetRSS