
Este músico de formación clásica y tradición gipsy desplegó todos sus jugueteos entusiastas para que le siguiera el trío con un lenguaje desenvuelto y vigoroso, que recordaba en cada acorde al maestro Stephan Grapelli, de quien dicen que es sucesor. Sin previo aviso, el concierto a cuatro se fue haciendo homenaje a Django Reinhart y a su quinteto Hot Club de Francia, con una sonoridad que recordaba los arrabales parisinos donde creció Grapelli, de quien sonaron algunas piezas. El virtuosismo de Niculescu le proporciona algo más, una envidiable concisión que seguramente logra de forma instintiva, y una excitación en cada melodía, como para regodearse en los acabados y en las conexiones con los otros músicos, con los que había tocado sólo en alguna fugaz ocasión.
Se disfrutó además de la inspiración del pianista Peter Meets, que siguió las audacias del violín con intuición, pero sacó su otro swing más boppero cuando se quedó a tres. Evocó la destreza de Oscar Peterson en uno de los temas del pianista canadiense, You look good to me, en el que mostró su pelo de visón, un toque especial en el tempo lento.
Otro homenaje a décadas pasada estaba por venir, esta vez a lo grande, con una orquesta de 16 músicos y una voz envidiable, la del que fue cantante de Spandau Ballet, Tony Hadley, felizmente reinventado como crooner. Se dejó esperar como una gran estrella, lo que dio pie a los músicos a mostrar su sonido compacto como un tren bien encarrilado, con algunos solos de interés, incluida la intervención de uno de los jovencísimos saxofonistas. Una noche feliz de canciones felices, como reconoció el propio Hadley. En el repertorio, It´s a good life, You make me feel so young, Wives and lovers, Just a gigolo raciones de ese feliz sopor, una alienación transitoria de la que no se sale voluntariamente. La realidad es que Tony Hadley derrocha una voz potente y pulcra, que suena joven y torrencial, sin oscuridades. Sella con su propia marca los temas de Sammy Davis Junior, de Sinatra o cualquier balada clásica, por tanto, en esta avalancha de regresos y refritos de clásicos, Hadley no funciona como un remedo del Rat Pack. Se le vio florecer en su esencia al entonar True, uno de sus éxitos de Spandau para, si alguien aún no era del todo feliz, se inflara de esencia ochentenas. Entusiasmó con un impecable y potente Tha´s life y un público bailón a sus pies en el escenario. Todo encantadoramente retro.







