Por edades está comprobado que a las personas de mayor edad les cuesta trabajo aceptar esta condición sexual, comprensible tal vez por los tiempos en los que vivieron. Por el contrario, se da una progresiva aceptación de la juventud que, mayoritariamente, la ven con normalidad. No obstante, todavía quedan sectores, como pueden ser algunos grupos religiosos, que la rechazan. Sin embargo existen comunidades cristianas de homosexuales que entienden que el amor de Dios prevalece por encima de su tendencia sexual y fundamentan el amor al prójimo como base de una fe que desean compartir, a pesar de todo, con el resto de los cristianos. La Primera carta de San Juan dice en uno de sus párrafos: «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). La vida cristiana se fundamenta en seguir los pasos de Jesús como guía de una vida ejemplar; si Jesús perdonó a pecadores, ladrones, gente de mal vivir y aceptó a todo tipo de personas sin fijarse en su condición ¿por qué la mayoría de los grupos cristianos se encierran tras la máscara del «sí acepto, pero es que » ¿acaso no somos todos iguales ante los ojos de Dios que nos ama tal y como somos? Con estas ideas no pretendo ir contra nadie, y mucho menos contra aquellos que hacen posible el recuerdo de Jesucristo día a día.
En esta sociedad plural en la que hoy vivimos, configurada en diversos colectivos ya sean políticos, ideológicos, religiosos o sociales, encontramos un amplio grupo que acepta y respeta a las personas homosexuales, pero todavía quedan otras muchas que los rechazan y se mofan. Se puede entender que no estén de acuerdo con esta condición sexual, pero lo que no es aceptable es el rechazo y la falta de respeto hacia ellas. He tenido oportunidad de visitar otros países europeos y me fascinó la aceptación e integración que este colectivo tiene allí, por ello me da rabia pensar por qué aquí no es igual. No obstante pongo toda mi esperanza en que tarde o temprano, todos por igual, podamos caminar de la mano sin discriminación y que al mirar atrás nos compadezcamos de aquellos que no supieron amar a un hijo, o a un hermano, porque era homosexual y decidió vivir como tal.
José Ulises Ferrándiz Soriano acaba de aprobar la Selectividad.








