
En un consejo al que asistió el ministro español de Trabajo, Celestino Corbacho, los responsables europeos debatieron una propuesta de compromiso de la presidencia eslovena de turno de la UE que pretende ayudar a superar las diferencias.
España trató ayer de recabar el apoyo de otros países de la UE para frenar la posible ampliación hasta 65 el tope de horas de trabajo semanal, una propuesta que para el ministro español acerca a Europa «más al siglo XIX que al siglo XXI» y reclamó a la Eurocámara que «rectifique» el texto en segunda lectura. Corbacho insistió en que la directiva de tiempo de trabajo supone una «regresión de la agenda social». Para Corbacho , esta medida es «algo que a los ciudadanos y a las ciudadanas les va a costar entender».
El secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granado , afirmó también que el Gobierno español no votará a favor de la directiva de tiempo de trabajo, y aseguró que España seguirá defendiendo que la jornada en Europa sea de 40 horas «con las menores excepciones posibles».
Granado, que participó en Oviedo en una jornada nacional sobre prevención de riesgos laborales organizada por UGT, recordó que «al final parece que hay cierta base de acuerdo sobre la propuesta suscrita por el Gobierno británico junto a otros gobiernos que hace que la posición española sea más reducida».
Presiones
El sindicato Comisiones Obreras ( CCOO ) presionará para que el Parlamento Europeo rechace la directiva que, de aprobarse en los términos descritos, el Consejo Europeo cometería una «gravísima irresponsabilidad».
«Con decisiones de esta naturaleza los responsables políticos europeos ayudan a deteriorar la imagen de la UE entre los trabajadores europeos», añadió.
El sindicato manifestó así su «total desacuerdo» con el texto porque supone el mantenimiento de una situación «inaceptable» y abriría el camino hacia una realidad «aberrante».





