
En realidad Anna no está sola, las chicas del pueblo se reúnen allí cada día, como los viejos, sólo que ella llega un poco más tarde. Por eso me fijé en ella, porque caminaba por el andén con las manos en los bolsillos y se paró girando sobre la punta de su pie izquierdo para mirarme a los ojos y saludarme con el brazo en alto durante un segundo, casi tan poco tiempo como el que el tren estuvo parado en la estación. El tiempo suficiente para que pensara que podía bajarme aquí mismo, en un pueblo de mierda del que no sabía nada, más o menos lo mismo que sabía del que había marcado en el mapa.
Luego pasaría la tarde buscando alojamiento, incertidumbre hasta hacerme entender, después, encontrarla no sería tan difícil en un pueblo tan pequeño que no hay nada que hacer salvo, quizá, saludar cada tarde a los trenes que pasan. Entonces hablar con ella, saber que le encantaría escapar de Oz, preguntarme qué estaba haciendo yo allí y responder que sólo bajé por ella, que Torun podía esperar si hablaba contigo. Ver cómo se ruboriza, descubrir que no me había equivocado, que ella tampoco cuando me sonrió la primera vez, que un par de días después ya teníamos claro que debíamos salir de allí cuanto antes, buscar la civilización o empezar una vida juntos, quejarse y patear el suelo porque eso no puede ser, tragar saliva y decirle que la única manera de que pueda ser es queriendo que sea. Las lágrimas, los besos, el sexo, despertar junto a ella, preguntarle si todavía está convencida, luego esperar en la estación con dos billetes hasta Varsovia y pensar que ella no va a venir, que es normal acobardarse en el último momento, que al fin y al cabo él es sólo un extranjero desconocido y subir al tren con el chasqueo de las rodillas y una última mirada y allí está saludando como la primera vez.
Y luego llora en el tren y se ríe nerviosa y esto es una locura y ya lo sé y me pregunta si yo la quiero y besarla para no responder porque me da miedo decir que sí, que un segundo bastó y cuatro días lo confirmaron y llegar a Varsovia excitados y el albergue es bonito y la ciudad fea y el billete a cualquier lugar que se llama Berlín, y el tren a Praga y la falsa luna de miel y el norte de Italia y volver a cruzar los Alpes y ver que el dinero se acaba y tener que decidir un sitio para vivir y por qué no París y el Sena y mientras estemos juntos qué importa el sitio, entonces París y quizá no es tan fácil y quizá cuesta demasiado encontrar un buen trabajo, entonces cualquier cosa servirá y un trabajo de mierda y llegar a casa cansado, pero qué más da y esperarla porque ella llega de madrugada, entonces son los días de cine y café solo y el mal humor y hablar con cualquier extranjero y hablar con cualquier desconocida y ya no me abrazas como antes. Si querías bohemia, aquí la tienes nadie dijo que fuese fácil.
Y por fin la primera desconocida a la que te apetece besar, y la primera desconocida a la que puedes besar y quién sabe si Anna, pero mejor no pensar eso y volver a casa rápido, con la conciencia tranquila, demasiado para que ella no sospeche, para que no se ponga a llorar, para que no te reproche que la arrancaras de Oz y tú lo niegas porque todavía tienes razón. Pero te recalcas a ti mismo el todavía, porque sabes que todavía y porque pronto llega el día en el que ya no es todavía y entonces te da igual que llore, sólo fumas y la miras, porque te has acostumbrado a sus dramas, porque sabes que tiene razón y porque de verdad te da igual.
Intentáis arreglarlo en un café, otro viaje quizá viene bien, incluso habéis ahorrado algo de dinero, pero es que París tiene tanta vida, pequeña, a la mierda París y toda su vida, la nuestra se está acabando, y no exageres, sólo es una mala racha, pero sabes que las malas rachas siempre acaban mal y ella quiere volver a Polonia y quiere que vuelvas con ella, aunque en el fondo ha empezado a odiarte y ya no dejará de hacerlo nunca, aunque volváis a Polonia, aunque os recluyáis en un pueblo tan pequeño en el que no hay nada que hacer, aunque la lleves a España y sabes que todo ha terminado y ella también y las siguientes semanas París se ha quedado sin luz, y tú la buscas en la otra habitación, donde también fumas y fumas sin importarte que la otra te diga cosas bonitas porque, en el fondo, tampoco ella te importa una mierda.
Entonces Anna pasea sola y llora y sufre y piensa que quizá no se sufra tanto en París si eliges bien el sito, quizá en el fondo del Sena no se sufre, pero da tanto miedo y tú no la tomas en serio porque ya apenas la ves y ella decide volver a Oz pero da tanta vergüenza volver con el rabo entre las piernas y quizá en una ciudad más amable, quizá en el sur, pero ya es desgraciada y lo es por tu culpa y por eso no voy a bajarme en esta estación, Anna, lo siento mucho, íbamos a ser felices por un tiempo pero, luego, ya ves. Eres demasiado linda, demasiado inocente y ha bastado un segundo para que me enamore de ti, por eso lo último que quiero hacer en este mundo es bajar del tren y conocerte, por eso cierro los ojos, enciendo un cigarrillo y espero a que se cierre esta maldita puerta de una vez por todas y arranque otra vez el tren.








