En todo caso, con respecto al estudio anterior, correspondiente a 2004, el consumo ha caído. «Ahora hay más jóvenes que no beben nada, pero también es cierto que los que sí lo hacen tienen más borracheras; no es raro encontrarse con chavales que se emborrachan tres veces en un mes», explica Juan Jiménez, responsable del Plan Regional de Drogas. Los adolescentes empiezan a beber, como media, a los 13. Más del 75% consume en bares y pubs, mientras el 65,5% hace botelleo en plazas y jardines.
Beber en la calle es una nueva forma de socialización para los jóvenes. «Eso no significa que seamos unos borrachos», advierten dos compañeras de segundo de Bachillerato. «Nos tomamos alguna copa cuando salimos los fines de semana, pero llevamos bien los estudios y no fumamos ni tomamos drogas; ya está bien de que se generalicen las cosas». Muchos jóvenes, como ellas, saben lo que hacen, pero desgraciadamente otros no tanto. Por eso el alcohol se ha convertido en un serio problema. De hecho, la mayoría de los que acuden por primera vez a los centros de atención a drogodependientes de la Región lo hacen por alcoholismo. Le sigue la cocaína y a mucha mayor distancia la heroína. La red sanitaria atiende ya a 4.892 drogodependientes en la Región.








