
Con el nombre de Bolonia se denomina a la convergencia en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Esta reforma universitaria va a eliminar las actuales licenciaturas y diplomaturas, sustituyéndolas por grados de cuatro años, y va a homologar los créditos académicos en función del esfuerzo realizado, «imposibilitando trabajar y estudiar al mismo tiempo», según un manifestante.
Pero en la condensación de materias que supone la reducción a cuatro años de las carreras de cinco, que incluye un primer curso 0 con contenidos genéricos y un último año centrado en prácticas empresariales, los estudiantes críticos ven una disminución de la calidad de la enseñanza y una apuesta por los postgrados o masters, cuyo caro coste el Gobierno propone financiar con préstamos. «Más becas y menos hipotecas» corearon como protesta.
Los estudiantes de Filosofía -en donde se está ensayando el nuevos sistema de forma piloto- coparon la representación de universitarios criticando la «degradación» que la reforma supone para las carreras de Humanidades y la sustitución del CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) por un máster de todo un año y de mayor precio.
Los más jóvenes estrenaron su experiencia reivindicativa sin demasiado conocimiento de lo que significa el proceso de Bolonia. «Venimos a informarnos», admitía una quinceañera. Pero son conscientes de que será a ellos a quien les afecte la polémica reforma.








