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El camino, la verdad y la vida
20.04.08 -

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Yo soy el camino, la verdad y la vida»(Jn 14,6). Esta sentencia de Jesús, central en el evangelio de este domingo (Jn 14,1-12), permite contemplar el profundo significado del misterio de Cristo crucificado y resucitado para todo ser humano. La búsqueda y el conocimiento de la verdad es una de las grandes cuestiones de la historia de la filosofía. Por su parte, entre los textos bíblicos son los escritos de Juan los que más ampliamente abordan el tema de la verdad. En Juan convergen dos concepciones diferentes de la verdad, una de origen griego, en la que prevalece el sentido etimológico de aletheia como realidad oculta que se desvela y se revela, pero que hay que descubrir, y otra procedente de la palabra hebrea emet (de la misma raíz que amén), en la que confluyen la firmeza, la fidelidad, la confianza y la lealtad. Respecto a la primera, Ortega y Gasset dice en las Meditaciones del Quijote que «quien quiera enseñarnos una verdad, que nos sitúe de modo que la descubramos nosotros». La auténtica relación del hombre con la verdad es la que se da en el proceso de descubrimiento, al quitar el hombre con su intelecto aquello que oculta a las cosas con objeto de que éstas se le manifiesten en su desnudez. La realidad última de las cosas, de las personas y de Dios permanece oculta en su apariencia. En la búsqueda de la verdad hasta llegar a su conocimiento se requiere humildad, valor y agudeza espiritual, pues la chispa gozosa de la verdad destella sólo cuando el ser humano se va quedando desnudo de prejuicios y va quitando el velo de las adherencias que enmascaran toda realidad. Ese doble desnudamiento de las cosas y de sí mismo ante ellas es el que descubre paulatinamente la verdad. En Jn 8,32 aparece otro dicho magistral de Jesús acerca de la verdad: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Algunos, tal vez por ignorancia, arrogancia, o por temor, se han atrevido a corregir el mensaje de Jesús desacreditándolo para hacer valer más bien este otro eslogan de «la libertad os hará verdaderos». Además de ser incomparables ambas sentencias, la belleza y la profundidad de la afirmación evangélica no minimiza el compromiso con la libertad y la justicia desde la experiencia nuclear y fundante del amor, generador de una vida nueva.

En este sentido Jesús es la verdad que nos revela al hombre y a Dios. Jesús es la verdad hecha carne cuya firmeza y radicalidad pone en evidencia la mentira de los poderes de este mundo, en el ámbito político ante Pilatos y en los círculos religiosos ante los fariseos y los dirigentes judíos. De ahí que todo seguidor de Jesús está comprometido con la misma verdad que él encarnó, en la que él vivió y por la que lo mataron. Permanecer en Cristo significa, por tanto, identificarse con la palabra y con el espíritu de la verdad como único camino de vida y de libertad. Ser de la verdad es estar estrechamente unidos como piedras vivas a la piedra viva, que es Jesús. Permanecer en la verdad es estar dispuestos a vivir un amor seriamente comprometido con el desenmascaramiento de las mentiras de la realidad humana del momento presente. Entre otras tareas propias de los cristianos es apremiante en el ámbito social la toma de conciencia y de postura ante el ocultamiento de la verdadera y dramática realidad de la inmensa mayoría de la población mundial que sufre las consecuencias de la pobreza y de la miseria, es urgente dar a conocer el alcance pernicioso de los nacionalismos de cualquier signo, del racismo, de la xenofobia y de todo tipo de fanatismos, como ideologías conducentes a callejones sin salida en el mundo actual. Los creyentes hemos de comprometernos en el descubrimiento de la verdad para que podamos entrar en el dinamismo de la vida y de la libertad que Jesús nos comunica.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura.
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