
«Cada vez hay más demanda de productos listos para consumir, como ensaladas o los que están hechos a base de fruta. Por el ritmo de vida que llevamos, la gente los quiere lo más rápidos y fáciles de consumir, y lo más naturales. Como si los ingredientes que lleva los acabaran de coger de la huerta. Eso es un gran reto científico», comenta Robles.
Procesado mínimo
La base de su trabajo es el estudio de los compuestos bioactivos de vegetales mínimamente procesados. Una vez analizado cómo les afecta ese tratamiento industrial a sandías, tomates o brotes de espinaca, experimenta en laboratorio técnicas que permitan incrementar los componentes naturales que generan los propios alimentos y que tienen propiedades antioxidantes o anticancerígenas.
Aumentar esos componentes eliminando los nocivos (los radicales libres) es la vía para obtener productos funcionales, comercialmente llamados de cuarta gama.
Las pruebas de laboratorio consisten en buscar alternativas al lavado de los alimentos con agua clorada. Han comprobado que el cloro se asocia a la materia orgánica (en concreto, al azufre) en la piel o cuando el alimento está aún en la tierra y forma trialometanos, que son compuestos cancerígenos a los que son más vulnerables sectores de la población como ancianos y niños. Algunas ensayos se basan en el uso de rayos ultravioleta C, ozono u oxígeno en altas concentraciones.
Robles se muestra «muy satisfecho e ilusionado» con su tarea en la UPCT, sobre todo porque puede trabajar en un grupo dirigido por Francisco Artés Calero, a quien considera «uno de los científicos más importantes y reconocidos de la Región».
Becas como contratos
Robles anima a los universitarios a emprender el camino de la investigación. Pero, a la vez, reclama a los gobiernos central y regional que promuevan la ciencia y la tecnología entre los niños para atajar la gran reducción de vocaciones para estas ramas que hay en la actualidad; y también pide que se den más oportunidades, ayudas y «estabilidad» a los investigadores.
«Las becas deben estar reconocidas como contratos, para que puedas cotizar a la Seguridad Social y tener derecho a paro. Hay investigadores que, con 30 años, tienen que empezar otra vez de cero al terminársele la beca», se lamenta.









