
DÓNDE Y CUÁNDO
Entretelas, que así se llama esta exposición con la que Chelete Monereo se adentra en el universo femenino de varias generaciones de mujeres, para bucear en sus secretos, riquezas y esclavitudes y rendir homenaje a todas las que yo no están, muestra un total de 21 cuadros, de mediano y gran formato, «elaborados con telas fetiche, imantadas de vida y memoria que hacen las veces de veladuras, trazos y colores». Entretelas es un viaje en el tiempo al gineceo -esa parte de la casa reservada a las mujeres en la Grecia antigua- en el que las mujeres soñaban, se liberaban, se resignaban y se contaban sus secretos.
Un «amoroso homenaje a las mujeres que nos precedieron con sus luchas y cuidados» y, sobre todo, «un brindis con, y por, las mujeres del futuro». Un homenaje a través de la pintura, en la que Chelete Monereo se vuelca, se esconde, se pierde y se crece. «Lo que pase con mis cuadros me da un poco igual, porque es el momento de pintar lo que a mí me interesa», indica la pintora, que recuerda «la vida tan encantadora que nos han dado, con sus muchos cuidados, tantas madres y abuelas».
Entretelas sobrevuela por un mundo, a menudo íntimo, en el que las mujeres más mayores van traspasando a las más jóvenes sus enseñanzas y sus valores, a veces ya caducos. De manos a manos, entre buenos deseos y rebeldías. En el caso de Chelete Monereo, la cadena se rompe en ella: «Yo soy un bicho raro. A mí no me han enseñado a coser un botón, ni a guisar nada. Y tampoco he tenido hijos».
Curiosidad
La artista proclamó hace no mucho tiempo: «He llegado a un punto en el que no tengo miedo, ni vergüenza, ni nada». Personaje complejo y hermoso, distante o cálido según el instante, original artífice de mundos fantásticos y lejanos, tan lejanos que se encuentran en nuestro propio interior, Chelete Monereo es temperamental y sensible, derrochadora de buen gusto, curiosa, sin edad.
Artista ajena al escaparate y a las poses, afirma sobre su faceta artística: «Creo que aterricé tarde, pero lo he hecho en una cosa que me apasiona y que pienso que me va a mantener espabilada hasta el final, porque no hay que quedarse dormido; eso jamás».










