
La plaza se convirtió en sólo unos minutos en el fondo sur de los simpatizantes del primer edil, que en algún que otro momento gritaron «Alcalde inocente». En los presentes, -trabajadores del Ayuntamiento, amigos y vecinos- la decisión de Salvador Calero provocaba sentimientos «de impotencia» para unos, «de rabia y de sorpresa» para otros. Los pachequeros que se unieron a la concentración centraron sus energías en protestar el qué (el alcalde en la cárcel) y no en pensar porqué (los motivos por los que el juez dictó prisión). Pero, cuando se le pregunta a una ferviente simpatizante de García si le defraudaría que al final se demostrase que el alcalde ha metido la mano, el semblante de la señora en cuestión cambia por completo: «Pues si eso se demuestra, me defraudaría mucho, porque tenemos mucha fe en él». «Yo lo que sé -interrumpe otra vecina- es que no he dormido nada esta noche pensando en Daniel. Es muy buena persona y no se merece lo que está pasando».
Un poco más lejos de la propia concentración, frente al nuevo edificio consistorial, el apoyo al alcalde es el mismo. Pero los comentarios entre colegas ya tienen otro matiz. Un vendedor de cupones le pregunta entre risas a un barrendero: «¿Has limpiado lo de ahí dentro?», señalando al Ayuntamiento. El funcionario del servicio de limpieza sonríe y sigue barriendo la acera. La vida continúa. Las calles lustrosas, infraestructuras nuevas como colegios u hospitales y el crecimiento económico del pueblo parecen ser los principales argumentos que emplean los vecinos de Torre Pacheco para defender a su alcalde. Nadie especula con la posibilidad de que el juez lleve razón y haya dictado prisión para García Madrid con pruebas encima de la mesa que respalden su decisión. Todos piensan en el juicio. El que un día debe decidir qué hizo el alcalde. Hasta entonces, fe.









