
Durante dos meses, Andreo fue un recluso más en Sangonera. Pronto se adaptó a la rutina penitenciaria, y pronto se dio cuenta de que debía ocupar las largas horas en prisión. La lectura fue su primer refugio, pero no el único. «Me leí nueve libros, incluyendo uno que recomiendo, El arte de la prudencia, que me regalaron en Nochebuena», señala el primer edil totanero, que recuerda que «la presunción de inocencia y la confianza en la Justicia son las claves en este momento y un factor que te da fuerzas en los momentos difíciles».
Andreo afirma que empezó «pronto» a colaborar en las tareas del módulo y se propuso ayudar a un joven recluso gitano en su empeño de lograr el carné de manipulador de alimentos, cosa que al final consiguió. «Daniel, como abogado, puede conocer algo más la realidad de la cárcel, pero vivirlo es algo totalmente diferente», añade.
Andreo señala que intentará visitar a García Madrid y trasladarle ánimos. «Recuerdo dos frases que siempre se dicen, pero que tenía muy presentes: 'De aquí siempre se sale' y 'cada día es un día menos'», explica el alcalde de Totana, que siguió, a través de correos y teléfono, manteniendo un cierto nivel de trabajo en su ayuntamiento. «De todos modos, los primeros momentos son duros, sobre todo por la familia», añade.









