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Doctor Jekyll y mister Hyde
03.04.08 -

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Doctor Jekyll y mister Hyde
Spencer Tracy, en una escena de la película El extraño caso del Doctor Jekyll.
Hay titulares en la cabecera de los noticiarios o en las portadas de los periódicos que irremediablemente nos hacen formular la que probablemente sea una de las cuestiones filosóficas más antiguas: ¿es el hombre bueno por naturaleza, malo o ambas cosas a la vez? Si hacemos un repaso que nos permita dar una respuesta clarificadora a esta pregunta, no tenemos más remedio que verificar que hay opiniones para todos los gustos. Desde una visión estrictamente panteísta donde se considera que el hombre forma parte de la naturaleza y que ésta es buena, hay que aceptar como conclusión que el hombre lo es también y que es justamente la sociedad y el hecho de vivir en ella, con toda su complejidad e injusticia estructural, lo que dificulta su expresión bondadosa por naturaleza. Según estas teorías, el hombre tiende de manera innata a ser bueno y sociable; lo que ocurre es que esta tendencia interna entra en conflicto con una sociedad corrupta que dificulta la emergencia y la puesta en práctica de su tendencia natural. Por otro lado, hay orientaciones teóricas que postulan justamente lo contrario: el hombre, en estado de naturaleza, siente la necesidad de satisfacer todos sus instintos primarios y, al buscar la satisfacción de todos ellos, aparecen los conflictos, ya que se cree con derecho a todo. De este modo, las fuerzas principales que dictaminan su conducta son la competencia, la vanagloria de sí mismo y la desconfianza hacia los demás. No sorprende entonces que esta concepción considere que la sociedad surge precisamente como necesidad del hombre para poder garantizar la seguridad, la ley y el orden, ya que la tendencia natural es la anarquía, el individualismo y el egoísmo. En este sentido, el hombre es malo por naturaleza. Y la tercera de ellas pondría de manifiesto la dualidad humana y la contradicción como su estado dominante natural. De esta manera se explica la confrontación de fuerzas primarias distintas y contrapuestas. La primera de ellas tiende a la vida y a la conservación de la misma, mientras que la segunda se encamina claramente hacia la autodestrucción. Quedarían así explicadas las continuas transacciones y dualidades con las que convive el ser humano a lo largo de su ciclo vital, entrando constantemente en conflicto entre lo que se consideraría ser esencialmente bueno o esencialmente malo. Esta concepción teórica afirma que no somos ni una cosa ni la otra en su totalidad, sino más bien un ser bipolar que experimenta dudas y contradicciones al querer conciliar ambos extremos. Somos buenos y malos a la vez.

Como psicóloga, no puedo aceptar que el hombre sea malo por naturaleza, ya que tanto la posibilidad de cambio como la tendencia autosuperadora quedarían negadas de entrada. De este modo, la psicoterapia no tendría sentido, ya que no sería posible y difícilmente adecuada o eficaz. Soy de la opinión que el ser humano es básicamente bueno y tiene una clara tendencia hacia la superación personal, si bien es cierto que hay una dualidad constante fruto de la continua lucha entre lo que uno quiere hacer y lo que debe hacer. Esto no me exime de sorprenderme, y no gratamente, cada vez que compruebo cómo se pueden torcer las cosas.

Todos hemos sido testigos estos últimos días de la máxima expresión de la brutalidad y del sinsentido a través de un nombre que ha llenado muchos minutos y muchas líneas en los medios informativos: Mari Luz. Por un lado, la muerte absurda y evitable de la niña ha puesto de manifiesto que en realidad existen personas que, no siendo malas por naturaleza, sí que presentan una conducta absolutamente desadaptada y psicopatológica que requiere un control médico, social y judicial que en este caso ha fallado en alguno de sus eslabones y, por otro lado, el resultado de la frustración en forma de violencia colectiva ante un hecho absolutamente injusto e injustificado pero que puede ser explicado cuando la sociedad tiene que enfrentarse a hechos de esta naturaleza y considera que la Justicia no es suficientemente efectiva para castigar y reprimir a quienes se saltan sus derechos, entre ellos el derecho fundamental a la vida.

Es aquí cuando somos conscientes de la brutal dualidad del ser humano: ¿cómo puede un hombre aparentemente normal llevar a cabo un acto tan deleznable y cómo pueden unos individuos absolutamente adaptados que justamente se mueven para condenar este tipo de hechos tomarse la justicia por su mano y linchar públicamente al hermano del presunto asesino? Pues no me queda más remedio que echar mano de la literatura, como tantas otras veces, para realizar una clara analogía entre los hechos y lo que narraba Robert Louis Stevenson en su novela para ilustrar el desdoblamiento psicopatológico que sufría su personaje.

Es difícilmente recuperable a nivel psicológico y social el individuo que comete este tipo de hechos. Hay unanimidad en la comunidad psicológica en este sentido: los pederastas tienden a repetir sus conductas con unos índices altos de reincidencia y la psicoterapia se ha mostrado dudosamente eficaz en estos casos. Por otro lado, el comportamiento colectivo no se mueve por las mismas motivaciones y fuerzas con las que se explica y origina el comportamiento individual, de manea que un grupo de personas, alienadas por un sentimiento de ira colectivo, son capaces de cualquier cosa. Incluso de cometer actos que, desde su individualidad, serían incapaces de cometer por su propio código ético conductual.

Siempre me gusta exponer una temática en particular y ser resolutiva al respecto. Hoy esta labor se me hace harto difícil ante la naturaleza de los hechos. Lo único que me queda es intentar explicar, que no justificar, por qué hay ocasiones en que uno preferiría no vivir en un mundo como éste. No obstante, sigo pensando y espero seguir creyéndolo, a pesar de la realidad en la que vivo, que el hombre es esencialmente bueno y que la fuerza motivadora principal es siempre el instinto de superación, no el de destrucción. Como decía Nelson, quizá ha llegado el momento en que todos los hombres buenos acudan en ayuda de sí mismos.

Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.

www.soniacervantes.com
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