
-Confiesa en el libro que siempre ve el lado negativo de las cosas. El eterno dilema de la botella medio vacía o medio llena...
-Yo veo la botella al 50%. Pero más que ver el lado negativo de la vida me pronuncio por el pensamiento negativo, que es ir a la contra de lo que está imperando ahora, esa inclinación a que todo el mundo tiene que ser feliz y toda esa patraña. Yo creo que todos somos una acumulación de fracasos, que son nuestra única constante, y que de vez en cuanto tenemos un éxito.
-Tal vez vivimos en una sociedad obsesionada con ser el número uno.
-Y con los resultados. Nos ha hecho mucho daño esa cultura 'yanqui' obsesionada con el resultado, mientras que la vida debería ser una valoración del proceso más que del destino. Como ser humano, dejando atrás que soy publicista, me preocupa que la fama y los ingresos influyan más que el prestigio.
-Usted tiene una apariencia de tipo descreído. ¿No se fía de nadie?
-Para empezar sólo me fío de mis enemigos porque son los únicos que me cuentan la verdad, al no tener que quedar bien conmigo, sin hipocresía. Del único del que te puedes fiar es del que no te quiere vender nada.
-¿Pero se reconoce en esa imagen de tipo duro que da en 'Operación Triunfo'?
-Eso es un trabajo. No me gusta decir que es un personaje, sino que desempeño un rol que es una parte de mí. En el programa soy un juez de artistas que cantan.
-¿Por qué ha tenido tanto éxito este trabajo?
-No es un éxito personal sino del formato, un programa muy sólido en el que trabajan doscientas personas desde hace seis temporadas. Lo tienen muy bien amarrado como show televisivo. Destacar depende de tu entorno. Si todo el mundo es maravilloso con los 'triunfitos' y llega alguien que les da dosis de realidad, es lógico que destaque.
-Más que dosis de realidad, usted es azote de los concursantes...
-No. Yo creo que los azotan más fuera: la crítica musical y el mercado al no comprar sus discos. Yo les digo las cosas a la cara dentro de la dinámica del programa.
-¿Su triunfo se debe a la necesidad que tenemos de que alguien nos caiga mal para criticarle?
-Tenía muy claro desde el principio que había gente a la que yo no le gustaba. Es importante en la vida y en las marcas saber a quién quieres caer mal, porque caer bien a todo el mundo es imposible, no lo consiguió ni Jesucristo ni el resto de los mortales.
A favor de Chikilicuatre
-¿Qué opina de la televisión?
-Está muy denostada pero todo el mundo la ve. Ahora hay un momento interesante en España y las cadenas se están posicionando. A mí me gusta mucho La Sexta porque han partido de una premisa muy libre al ser un grupo de productoras. Soy fan de 'Sé lo que hicisteis...', a pesar de que se meten conmigo, porque hacen una crítica mordaz, inteligente y rápida.
-Como creativo publicitario, ¿qué le parece la creación de Rodolfo Chikilicuatre?
-Un ejercicio brillante de comunicación de masas. Además, es un caballo de Troya que han metido a Eurovisión, -un concurso que yo odiaba, lleno de caspa-, y que les ha explotado dentro. Se les ha vuelto en contra a TVE la decisión de abrir las líneas para que todo el mundo votara. Ahora tienen que tragar y promocionar un producto creado por otra cadena. Eurovisión va a tener este año más audiencia que las cinco últimas temporadas juntas.





