De seguro que esta decisión enfadará a la gente. Sobre todo a las mujeres, que son las que le ponen más entusiasmo a la cosa de los trapos. Y más aún si se trata del atuendo con el que desean subir al altar.
Mire usted, lector incrédulo. Hay muchas novias a las que les hace más ilusión el vestido que el novio. No hay sino que verlas atentas, entusiasmadas y entregadas por entero, desde meses antes de la boda.
Todas sus vigilias están ocupadas por la pretensión de lograr que la cintura les apriete lo bastante. Incluso a riesgo de que, por tanto porfiar, se nos parta la moza en dos mitades, como ya ha sucedido en alguna ocasión. La que llamamos cinturita obsesiona -y lo veo justificado- a la mayoría de las que se van a casar.
Conforme se va acercando la boda, el novio advierte que la novia anda muy poco cariñosa. Él lo achaca, en su ingenuidad, a que su pareja atraviesa un periodo de dudas razonables, acerca si de verdad le conviene compartir el futuro con el tiaco en cuestión. Nada más falso, pues en general la mujer tomó la decisión de ayuntarse mucho antes que el hombre, a pesar de las apariencias. Pues no conquista él a ella, sino ella a él, tal y como se describe en los mejores manuales de relaciones amorosas.
Lo que le sucede a la chica es que anda loca con el dichoso vestido. Que si no estará a tiempo, que si le quedará del todo bien, que si la hará más gorda de lo conveniente. Estas preocupaciones (que para el macho son algo baladí) perturban mucho a la dama, hasta el punto de dar la impresión de que no tiene muy claro vincularse de por vida al sujeto que la corteja. El cual sujeto se piensa que a la chica lo que le pasa es que, llegada la hora de la verdad, no tiene claro si desea casarse con él.
Por eso creo que es una canallada lo que le están haciendo a Belén Esteban. Pues no sólo es lo que ya he contado, sino que la moza está dispuesta a pagar (se conoce que dispone de posibles) lo que le pidan. Y ni aún así.
¯¿Y quién es Belén Esteban?
¿Qué quién es? Ni puta idea.








