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Es, en lo sustancial, la misma radiografía que dibujaron las urnas en marzo de 2004. Cuatro años después, tras la más agria y enconada legislatura que recuerda al etapa democracia, las dos fuerzas mayoritarias logran crecer, y lo hacen a costa del resto de las fuerzas políticas: los partidos nacionalistas experimentan un fuerte retroceso, sobre todo Esquerra Republicana de Catalunya, e Izquierda Unida se desploma y pierde el grupo que tenía en el Congreso. Las décimas elecciones generales de la etapa democrática se celebraron sin incidentes dignos de mención.
El PSOE se apunta la victoria con un 43,7% de los votos depositados en las urnas, que les dan 169 diputados, que son mayor apoyo para Rodríguez Zapatero que el que disfrutó en la anterior legislatura. Tras cuatro años de desgaste en defensa de asuntos tan polémicos como la reforma del Estado de las autonomías, la implantación de los matrimonios homosexuales o el fallido proceso de paz, el resultado de las urnas es un aval a la gestión realizada, pero obligará al líder socialista a revisar sus estrategias. Enfrente, el PP gana tres puntos (40,09% de los votos escrutados) y crece en siete diputados hasta los 154 escaños. La dura y ácida oposición sin cuartel que las huestes de Rajoy han desplegado les ha permitido mantener el grueso de sus apoyos e incluso crecer, aunque no lo suficiente para evitar un nuevo gobierno socialista.
Crece el PSOE por el voto útil que ha hundido a IU, pero también porque parte del electorado nacionalista parece haber optado por apoyar al PSOE frente a un PP que durante cuatro años ha hecho del nacionalismo españolista una de sus banderas. De hecho, si el grupo parlamentario socialista crece es porque Cataluña y el País Vasco compensan la caída en Andalucía o Madrid. Los socialistas suben en las comunidades donde hay espacio nacionalista; el PP lo hace en aquellas autonomías sin fuerzas regionalistas.
El principal damnificado por esta situación es ERC, que pierde dos tercios de los votos obtenidos en el 2004 y su grupo parlamentario de ocho diputados se esfuma: consigue tres, que se integrarán en el Grupo Mixto. En cambio, Convergencia i Unió (CiU) logró frenar su descenso, apenas perdió un punto en porcentaje de votos y conserva sus diez diputados en Madrid.
La formación nacionalista catalana se convierte en el socio ideal para que Rodríguez Zapatero apuntale la legislatura, una catástrofe para el gobierno catalán. José Montilla, pese a que el PSC ha obtenido un magnifico resultado, se ve gobernando en coalición con dos cadáveres políticos, y frente a una oposición llamada a jugar un importante papel en Madrid. En el País Vasco, el PNV sufre un fuerte correctivo en las urnas, que en esa comunidad han registrado uno de los índices de participación más bajos del país, y pierde un diputado; obtiene seis, por lo que formará grupo parlamentario, el cuarto del Congreso.
El Bloque Nacionalista Galego mantiene sus dos diputados, y Nafarroa Bai conserva el suyo.









