
Los dueños de negocios ubicados en los bajos del edificio también están molestos. Así Antonio Guillamón, de Sonitres, asegura que «han tabicado ventanas y puertas para desprestigiar el edificio y están perjudicando nuestros negocios. La gente piensa que hay peligro de ruina inminente y por eso incluso se cambian de acera». Paco, que regenta un taller de neumáticos desde hace 19 años, insiste en que «están tabicando de manera diferente a cómo lo hacían antes, están dejando agujeros para que entren las palomas». A Paco le ofrecieron 12.000 euros de indemnización, pero no está conforme. No obstante, sabe que tiene que marcharse el 1 de octubre porque es cuando le vence el contrato de alquiler. «Quedamos 18 inquilinos entre vecinos y negocios y queremos una solución». Fuensanta Lucas, que lleva viviendo allí 21 años, tercia en el asunto y dice que «no queremos hacernos ricos, sólo la indemnización que nos corresponde para seguir trabajando».
Han enviado un escrito a Urbanismo para que inspeccione los destrozos que están denunciando y han colocado una pancarta que dice «Mobbing inmobiliario, ni clausura ni ruina. Aquí vivimos y tenemos nuestros negocios».









