Rapidez, puntualidad y comodidad eran las palabras más escuchadas a la llegada de los viajeros en las estaciones de Puerta de Atocha y Sants. Al AVE ha llegado para quedarse y competir con el avión y la carretera, a los que robará miles de usuarios.
En los primeros trenes del día, más periodistas que clientes. Éstos últimos se mostraban «encantados de montar en el primer AVE de la historia». La sensación general era de satisfacción. Muchos de los pasajeros, usuarios habituales del Puente Aéreo de Iberia, destacaban las «facilidades del tren». Y es que Renfe ha diseñado su oferta para que los viajeros puedan llegar al embarque hasta dos minutos antes de la salida del convoy. Además, las medidas de seguridad en las estaciones son mucho más laxas que en los aeropuertos. «Los escáneres funcionan a pleno rendimiento, pero no te tienes que quitar la chaqueta, el abrigo o los zapatos; la sensación es mucho mejor», comentaba un pasajero que viajaba de Madrid a Barcelona a las 08.00 horas. Una vez en el tren -añadía- la distancia entre asientos, la posibilidad de caminar, mirar por las ventanas o tomarte un café a bordo (1,40 euros, o 2,3 euros si se acompaña de un bollo) «dan puntos al tren y se los quitan al avión». Las inevitables comparaciones entre el AVE y el Puente Aéreo de Iberia situaron ayer como claro ganador al tren. Pero no sólo de ejecutivos y pasajeros bussines (que pagan hasta 163,5 euros por su billete) vive el AVE. La oferta, que incluye tarifas con un descuento de hasta el 60% (por Internet y con quince días de antelación) han abierto la alta velocidad a todos los públicos. De hecho, la mayor parte del pasaje de los primeros trenes viajaba en Turista. Renfe transportó cerca de 12.00 viajeros en el día del estreno del AVE en los 17 trenes por sentido que componen la oferta según datos del operador.





