Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Región

Estás en: La Verdad > Local > Región
ZONA FRANCA
Los liberales
31.01.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Muchos de los que ahora pregonan su naturaleza liberal habrían sido en tiempos de Cádiz y de Fernando VII los serviles, teniendo en cuenta que lo que ayer era progresista -llámese adicto a la Constitución de Cádiz, o sea La Pepa- hoy se lo apropian los que tienen su cerebelo conformado en el integrismo más servil y dispuestos por un quítame allá esas pajas, a reclamar de nuevo los servicio de Los cien mil hijos de San Luis, suponiendo que San Luis llegara a tener tantos hijos.

De serviles eran tildados por los liberales de entonces aquellos que profesaban ideas absolutistas y apoyaban al más nefando Borbón de toda la historia europea, versátil y canalla por natura, que fue recibido en las calles de Madrid en su retorno con un «¿Viva las caenas!» proferido por el pueblo llano y desgañitado, víctima de un analfabetismo secular inoculado en sus venas por la corona y el clero. Pues de lo que se trataba era de acabar con el constitucionalismo nacido en Cádiz y con los masones, ilustrados, afrancesados y enemigos de la patria agazapados bajo el título de liberales que lo habían parido.

Ese era el ambiente de entonces (crispado), un ambiente que se repite cíclicamente durante todo el siglo XIX español y siguientes. Imposible entender nuestro hoy sin haber estudiado o leído siquiera la crónica de aquellos acontecimientos.

Quizá hoy la confusión sea mayor en tanto en cuanto la nomenclatura de las ideas y las cosas ha sufrido mutaciones significativas. Y así, tenemos un liberalismo económico y tenemos un talante liberal; diferentes ambos y hasta distintos. No es obligatorio que coincidan y, de hecho, coinciden pocas veces. El liberalismo económico aspira a arrebatarle el agua al Estado, a engordar el sector privado y a enflaquecer el público. Los nuevos liberales descreen del Leviatán, al que suponen generador de muchos males. Pero la abolición del Estado que está en la aspiración utópica del tercer escalón del proceso revolucionario, propugnado por Marx y Engels en nada se parece a la aspiración neoliberal imperante en la economía y en la política de nuestro hoy. Algunos teóricos del estalinismo, siempre dispuestos a desprestigiar cualquier ideología de izquierdas que no se atuviera al burocratismo estatal que desvirtuó el sentido revolucionario en Rusia y en otras partes del globo, identificaron malévolamente esa abolición del anarquismo con el sueño liberal por extinguir la esfera pública.

El proyecto anarquista contempla la sustitución del todopoderoso Estado por la administración de las cosas a cargo de los hombres y mujeres congregados en comunas solidarias e igualitarias; el proyecto neoliberal -de mayor o menor silvestrismo- coloca el beneficio por encima de todo, cree devotamente en la libertad de empresa como requisito imprescindible para el engrandecimiento de las naciones, y suele emplear la palabra solidaridad para enmascarar actos de caridad -la caridad de antaño, la de siempre, que perpetúa las desigualdades sociales- como consoladores de conciencias y desgravadores de impuestos. Sus cofrades no son sino serviles adoradores del Becerro de Oro.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios


Noticias de la Región de Murcia

Enlaces de Interés

Vocento
SarenetRSS