El trágico accidente que ha dado origen a esta insólita situación ocurrió la noche del 26 de agosto. Enaitz Iriondo, vecino de Durango, volvía en bicicleta al camping donde se encontraba de vacaciones junto a sus padres, tras haber pasado la tarde con la pandilla de amigos. El joven -«por precaución», según explicó su madre- cubrió el trayecto entre el pueblo y el camping circulando por un camino de tierra que discurre en paralelo a la LR-111.
Al final de este camino rural, Enaitz tenía que respetar un stop antes de acceder a la vía principal, con el fin de atravesarla y encaminarse hacia el camping. Según el informe de la Guardia Civil, el joven ciclista no respetó el stop y fue arrollado por un coche de alta gama que circulaba a 113 kilómetros por hora por una carretera donde el límite de velocidad estaba fijado en 90. El vehículo llevaba desactivado el sistema de frenada ABS, y el conductor presentaba una tasa de 0,15 miligramos de alcohol por litro de aire espirado (por debajo de los 0,25 miligramos permitidos).
Los padres del joven Enaitz cuentan que escucharon el golpe desde el interior del camping. Cuando fueron al lugar del accidente para ver lo que había pasado encontraron el cuerpo de su hijo en un lamentable estado y ya sin vida.









