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RELIGIÓN
Se ha acercado el Reino de Dios
27.01.08 -

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Jesús comienza su actividad pública retirándose a Galilea, a la ciudad de Cafarnaún, para predicar la Buena Noticia del Reino: «Convertíos, pues se ha acercado el Reino de los cielos» (Mt 4,17). Es éste un anuncio primordial del Evangelio y debemos entenderlo como una llamada apremiante al cambio de mentalidad y de forma de vida en consonancia con el Reino que en la persona de Jesucristo definitivamente se ha acercado. A veces se hacen interpretaciones espiritualistas e intimistas de la conversión que queda reducida a momentos de euforia emocional de carácter religioso o a la mera expresión de buenos deseos. La conversión es más bien un proceso personal de discernimiento espiritual que, siguiendo las huellas de Jesús crucificado y su actuación ante los marginados, los pobres y los oprimidos, permite revisar nuestras conductas y actitudes básicas para cambiar de rumbo nuestra vida.

El «Reino de los cielos» es una expresión empleada por San Mateo en la cual «los cielos» no se contraponen a la tierra ni designan sólo un reino del más allá, sino que equivale a «Reino de Dios» y tiene el sentido dinámico y personal de que Dios va a reinar ya en esta tierra, llevando a cabo el ideal mesiánico del rey justo del Antiguo Testamento (Sal 72). El Reino de Dios es Dios mismo que ama a todo ser humano y se acerca a toda persona para establecer una relación personal de amor, que conduzca a la más profunda alegría. El Reino tiene una proyección social indiscutible, que anuncia la justicia y la paz como grandes valores divinos que están llegando con todo aquél que defiende a los humildes, que socorre y libera a los pobres y quebranta al explotador. Éste es el Reino cuya cercanía anuncia Jesús y por cuya causa vivió y fue crucificado. La conversión o metanoia consiste en transformar nuestra mentalidad al acoger el amor irrevocable de Dios, que se ha hecho patente en Jesús de Nazaret, para seguirlo en la solidaridad con los pobres e indigentes y en los esfuerzos por la liberación y el desarrollo de los países y sectores más oprimidos del mundo.

San Mateo da una importancia singular a Galilea como lugar de esta predicación de Jesús. Recurre a un texto del profeta Isaías (Is 8,23-9,1) que evoca una situación de desolación de Galilea, cuando en el 733/2 a. C., Tiglatpileser, rey de Asiria, invadió Samaria y Galilea, apoderándose de ellas y de las regiones limítrofes (2Re 15,29). Era el primer exilio. La región fue sometida al poder político y militar y a la invasión de los paganos. Isaías anuncia en ese contexto una gran profecía mesiánica (Is 8,23-9,6) cuyo culmen es el nacimiento de un niño que instaurará un reino de justicia y de paz. La gloria, la luz y la alegría tienen su razón de ser en el fin de la opresión y de la guerra y en el nacimiento de este niño. En tiempo de desolación este poema de Isaías expresa la alegría por el Reino mesiánico y constituye uno de los cantos que han sostenido la alegría y la esperanza del pueblo de Israel en toda su historia y de la de la Iglesia a través de los siglos. Cualquier situación humana de opresión y marginación, de explotación y de exclusión, en la que los derechos más elementales del hombre sean conculcados es parecida a aquella situación de destierro y evoca el anhelo de justicia que Mateo desarrolla a lo largo de su evangelio. Éste nos ayudará durante los domingos de este año a solidarizamos con quienes sufren la injusticia de un mundo inhumano, donde los derechos a la vida y a la dignidad, a la libertad y al desarrollo están siendo pisoteados. Porque el Reino de Dios está cerca, recordamos esperanzados la alegría de Isaías: «Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro los quebrantaste como el día de Madián. Porque la bota que pisa con estrépito y la capa empapada en sangre, serán combustible, pasto del fuego». (Is 9,3).

José Cervantes Gabarrón es sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura.
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