
Los técnicos del Ayuntamiento comenzarán hoy la búsqueda de los restos del blasón, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), aunque no será fácil a juzgar por el estado en el que se encuentra el antiguo molino y su entorno, reducido a una montaña de ladrillos y piedras. «Aunque sea en pedazos sabemos que está», aseguró Pedro Fernández, que forma parte de la Junta Vecinal y piensa que el Molino de Oliver fue demolido porque «era un estorbo para las obras».
Su seguridad en la localización del blasón parte de los testimonios de varios vecinos que afirman haber visto el escudo roto en pedazos tras la primera acometida de la pala de demolición. «Mi marido lo vio. Incluso tuvo algún trozo en la mano, pero pensó que no tenía valor y lo volvió a dejar», dice Dolores González, que lleva viviendo 40 años junto al viejo molino. Cuando su marido le contó que lo estaban tirando ella misma se acercó a decirle «al de la pala que allí había un escudo que tenía valor cultural, pero me contestaron que ya nada se podía hacer, que estaba roto», asegura.
A pesar de que el domingo, una vez paralizadas las obras, la Policía Nacional tuvo que acudir al lugar alertada por los vecinos que habían visto a varias personas buscar algo entre los escombros, parece que los restos del escudo siguen allí. Lo que no está tan claro es si podrán encontrarlos y en qué estado se hallarán, ya que parte de la acequia, que estaba al aire libre, ha sido cubierta con una mezcla de escombros y tierra. Su estado dependerá en cierta medida del material del que esté hecho, que nadie sabe con certeza y no puede deducirse a través de las fotografías.
De momento la concejalía de Urbanismo ha abierto un expediente a la Junta de Hacendados, responsable de las obras de canalización de la acequia y del derribo del molino, debido a que no contaban con los permisos necesarios para llevar a cabo ninguna de las dos acciones. «Las obras las hacíamos para mejorar el cauce de la acequia, para entubar las aguas y que no produzcan malos olores. Si no quieren nuestra ayuda pues mejor, ese dinero que nos ahorramos», explicó ayer a La Verdad el presidente de la Junta de Hacendados, Sigifredo Hernández, quien asegura que «de los cientos de kilómetros de acequias que hemos entubado en la huerta de Murcia, nunca hemos tenido que pedir permiso a nadie». Para Hernández, el Molino de Oliver estaba en un estado ruinoso y su caída era inminente, por lo que no considera que su actuación sea reprobable.











