
En una reunión mantenida con la Concejalía de Urbanismo, se ha garantizado la paralización absoluta de las obras, y que se está consultando con la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales la mejor forma de afrontar la búsqueda de los restos del escudo heráldico, catalogado como Bien de Interés Cultural y que varios informes obligaban a mantener y conservar en su lugar y posición original.
Por otra parte, miembros de la Junta Vecinal junto con diversos vecinos y entidades culturales de la pedanía, están buscando la mejor forma de evitar que se intenten destruir los restos que quedan de la edificación, por lo que van a organizar turnos de guardia y vigilancia para comprobar que ninguna empresa constructora contratada por la Junta de Hacendados continúe con la obra que ya comenzó sin permiso.
Igualmente, las asociaciones y colectivos culturales de la pedanía están preparando para la semana que viene algún tipo de movilización frente a los restos del edificio, para llamar la atención de todas las instancias competentes y que se reintegre al patrimonio histórico de la pedanía el edificio destruido.
El Molino de Oliver, llamado también durante el siglo XX Molino de Joaquinico, al ser el último empresario en tenerlo en marcha Joaquín Gil, hasta los años 70, se encontraba ubicado en pleno centro de la pedanía. En su última época pasó a funcionar con energía eléctrica y dedicado al pimentón, no a la molturación del grano y de trigo, como originariamente.











