
El AVE Madrid-Sevilla, hace ya quince años, supuso el inicio de una carrera que convertirá a España cuando termine esta década en el país del mundo con la mayor red de alta velocidad del mundo, por delante de otros con mucha mayor tradición ferroviaria como Francia o Japón. Para esa fecha, los AVE dispondrán de 2.200 kilómetros de vía. Diez años más tarde, según las previsiones del Gobierno, el circuito pondrá los trenes más rápidos (capaces de circular a más de 300 kilómetros por hora) a menos de 50 kilómetros del 90% de la población.
Si se toma también en cuenta la línea Madrid-Barcelona, cuyo estreno se ha previsto para antes de que termine la legislatura, los nuevos corredores rápidos elevarán a 19 el número de ciudades con estación de AVE. A éstas se sumarán otras 36 localidades que podrán acceder a los trenes de rodadura desplazable. El departamento de Magdalena Álvarez estima que el nuevo escenario beneficiará a 29 millones de españoles: el número de habitantes de las provincias agraciadas por el AVE.
La principal ventaja de la nueva etapa serán los menores tiempos de desplazamiento. En la mitad norte, con Valladolid como centro neurálgico, ciudades como Palencia, León, Oviedo, Gijón, Santander, Burgos, Vitoria, Bilbao o San Sebastián ganarán más de una hora en sus conexiones con Madrid. Incluso quienes se desplacen entre el norte y Albacete o Alicante verán mejorar su calidad de viaje.
Galicia también sale ganando Más adelante, cuando esté en funcionamiento el intercambiador de Olmedo (Valladolid), los gallegos viajarán aún más rápido gracias a los Talgo Serie VI, de ancho variable. La puesta en marcha del Madrid-Málaga recortará el tiempo de viaje entre ambas ciudades en una hora y 37 minutos. A finales de este año, siete de las ocho provincias andaluzas estarán a menos de seis horas de viaje de Madrid.





