
EL PARTIDO
LAS CLAVES (3-0)
Ayer, el Mérida, que venía de recibir un humillante 6-0 en Melilla, pasó por encima al nuevo equipo de Pichi Lucas. Los emeritenses, que tienen una artillería arriba difícilmente de igualar por otros equipos de la categoría, pudieron golear con más claridad aún a los cartageneros.
Y es que alguien debería declarar especie protegida a Pichi Lucas por decir que, en esta Segunda B, se puede jugar a atacar y a divertir, que regalar el balón y jugar a encerrarse no está obligado por ley. Y ayer lo intentó, mejor cuando transcurrían los minutos, pero tuvo la desgracia de que ni Carmona ni Lafuente ni Molist aparecieron como de ellos se esperaba en los primeros 45 minutos. Mientras tanto, el Mérida, envidioso él, empezó a tirar de la inspiración de Cuevas, Carlos Rubén, Sabino y Luciano.
Llegan los regalos
Y como bien decía Pichi Lucas que él no sabía jugar a defender, pues una garrafal pérdida de balón en el centro del campo, tras un mal saque de Alejandro, provocó que Carlos Rubén se internara en solitario y sin oposición por el pasillo del siete, se plantara cómodamente ante los dominios de Alejandro para, sin nervios algunos, batirle plácidamente por raso.
Al Cartagena le sentó tan mal el gol y al Mérida tan rematadamente bien, que estuvieron los quince minutos posteriores sin hacer absolutamente nada. Hasta que Curro en el minuto 29 armó su derecha y disparó un misil con destino a la meta de Orlando. Sorprendentemente, el cancerbero extremeño sacó una mano parando el cuero pero introduciéndose con él dentro de la portería.
Este intento despertó a un Cartagena, hasta entonces dormido. Aún así, aletargado, propuso más en el Romano que los anteriores ocho rivales juntos. Paulatinamente, los visitantes se adueñaron de la situación y del control del partido. Molist disparó al lateral de la red tras revolverse bien dentro del área pequeña, Lafuente se inventó una rosca que se fue por poco, y así, una y otra, sin encontrar fruto alguno.
El Mérida, en cambio, a lo suyo, a contragolpear con sus cuatro magníficos creando cierto peligro sobre la portería de Alejandro.
La segunda parte fue un cúmulo de malas noticias para el cuadro de Pichi Lucas. Las buenas nuevas no aparecieron para el conjunto forastero. Todo empezaba en el minuto 48, cuando Carlos Rubén se plantaba solo ante Alejandro y no acertaba. Luego, la expulsión de Lusarreta por doble amonestación, definitivamente mató al Cartagena. Pichi Lucas decidió cerrar con Mariano y dejar a Curro solo en la medular. Un regalo para el Mérida, al que le facilitaron el trabajo que más le gusta: espacios para contragolpear.
El Cartagena fue nulo y el dominio fue emeritense. Tras un mano a mano fallido de Luciano y tras otros dos anulados por el asistente, a la cuarta le tocó el turno a Cuevas, que decidió que habían demorado mucho la emoción, y sentenció el choque. Encima, Fabri le añadió más leña al fuego sacando al velocísimo Ismael para aprovechar los huecos que decidió dejar Pichi Lucas atrás. Con una defensa muy adelantada, llegarían más unos contra unos. En uno de ellos Segovia cedió a Luciano y éste por bajo concluyó la goleada del Mérida, que pudo ser mayor si el palo y el asistente no lo hubieran impedido.







