
También fue nutrida la representación del Paso Blanco, cofradía de la que fue director artístico, y junto al presidente, Ramón Mateo Paredes, se encontraban los presidentes de honor, Antonio Alberto Gil Arcas, José María Fernández Pallarés y Agustín Aragón Villodre, así como la presidenta del Coro de Damas de la Virgen de la Amargura, María Luisa Martínez García de Alcaraz. Un numeroso grupos de amigos lorquinos arroparon a los familiares de Muñoz Barberán en esta parte del sepelio que consistió en un responso en la colegiata de San Patricio, oficiado por el vicario episcopal de Lorca, José Antonio Abellán.
Recordó en su intervención al artista que reflejaba la belleza en sus cuadros, algunos de ellos que se conservan en ese mismo templo. El féretro fue llevado a hombros por varios de los hijos del finado y sobre el mismo, además de la bandera de Lorca, que conservó hasta el cementerio, fue colocado un estandarte de la Archicofradía del Resucitado.
Tras la despedida del duelo en la misma plaza de España, el furgón con el féretro, precedido por dos motoristas de la Policía Local, se dirigió al cementerio de San Clemente donde Manuel Muñoz Barberán recibió sepultura en una ceremonia estrictamente familiar a la que se unió el alcalde.
El nicho en que se depositaron los restos mortales del pintor lorquino está situado en la calle San Clemente, cerca de la puerta principal del camposanto, justo al lado de donde está enterrada su madre Bibiana Barberán. Por cierto que la lápida que indica este enterramiento tiene la singularidad de que fue pintada hace años por el artista ahora desaparecido.







