
Sabía que los años y las inconveniencias son impedimentos para seguir con los pinceles: «A veces, no me encuentro con ganas o con fuerzas suficientes; pero no creo que este sea un problema exclusivamente de la vejez. Incluso los jóvenes, poetas o escritores, también atraviesan momentos de crisis y dejan de trabajar. ¿Y por qué no un pintor? Yo empecé desde muy joven, casi era un chiquillo. A mis 85 años, que es la edad que supongo que tengo, no siempre está uno en forma».
Temáticas
Y lo mismo que no ocultó sus impedimentos, se declaraba una vez más un artista que ha pintado «muchas cosas, adentrándome por temáticas muy diferentes. He tenido que pintar temas religiosos, porque, en un momento, eran los que me encargaban. Cuando sucede esto, puede uno aficionarse excesivamente a una temática concreta, algo que he procurado evitar siempre. Por eso, en mi pintura hay bodegones, paisajes, máscaras, ciudades... No puede decirse que me haya limitado a una temática definitiva». No se arrepentía de nada de cuanto salió de sus pinceles: «Creo que no está mal dejar las cosas como son. Si vuelvo la vista atrás, pienso que hubiese seguido pintando esa serie de obras que ya he citado, de las que estoy muy satisfecho».







